El caminante de Nietzsche | por Byung Chul Han


“El amor y la crueldad no son dos cosas opuestas: siempre se encuentran juntos en los caracteres más firmes y mejores” Friedrich Nietzsche  

 



Texto del Byung Chul Han, publicado por primera vez en el  libro de “Hiperkulturalität Kultur und Globalisierung”.


Por: Byung Chul Han

Nietzsche considera al «caminante» como un nuevo tipo de hombre. En un aforismo titulado «El caminante», Nietzsche escribe:

“Quien solo en alguna medida ha alcanzado la libertad de la razón no puede sentirse sobre la tierra más que como caminante, aunque no como viajero hacia una meta final; pues no la hay. Pero sin duda quiere observar y tener los ojos abiertos para todo lo que propiamente hablando ocurre en el mundo; por eso no puede prender su corazón demasiado firmemente de nada singular; en él mismo ha de haber algo de vagabundo que halle su placer en el cambio y la transitoriedad”.






El caminante de Nietzsche camina en un mundo desteleologizado, desteologizado, es decir, desespacializado. Debido a que no está de camino a la «meta final», puede levantar la vista y mirar a su alrededor. Es un homo liber en tanto que no es rehén de un sentido último. Etimológicamente, «caminar» hace referencia a paseo, camino o viaje. El nuevo viaje no tiene ninguna meta definitiva. Ahora bien, esta ausencia de telos y de theos libera la vista del caminante. Este aprende, justamente, a mirar, y ve «todo lo que propiamente hablando ocurre en el mundo». Esta hipervisión es el resultado de una nueva libertad ganada. Si bien el caminante pierde el horizonte único, esta pérdida le abre nuevas visiones.
Su propia mirada camina. Decidido al cambio, a lo nuevo, no permanece mucho tiempo en un mismo lugar. Desconfía del mito de la «profundidad» o del «origen», recorre superficies y dirige su atención a las apariencias multicolores.
 
La forma de existencia del «caminante» nietzscheano, no obstante, no se parece a la de un turista hipercultural. Por una parte, a su forma de andar todavía le falta serenidad. Por otra, el mundo del «caminante» se encuentra todavía mezclado con desiertos y abismos. En el aforismo Nietzsche continúa diciendo:
“Por supuesto, tal hombre pasará malas noches, en las que esté cansado y encuentre cerrada la puerta de la ciudad que debía ofrecerle descanso; quizás además, como en Oriente, el desierto llegue hasta la puerta, las fieras aúllen tan pronto más lejos como más cerca, se levante un fuerte viento, los ladrones le roben sus acémilas. Entonces la noche pavorosa desciende sobre él como un segundo desierto en el desierto y su corazón se cansa de caminar. A pesar de su lealtad hacia la «tierra», Nietzsche es aún un peregrino. No conoce todavía ese estar-aquí hipercultural. Su camino es una via doloris que solo se ha vuelto más penoso, más doloroso, debido a que tiene que prescindir de «Dios».”
A pesar de su lealtad hacia la «tierra», Nietzsche es aún un peregrino. No conoce todavía ese estar-aquí hipercultural. Su camino es una via doloris que solo se ha vuelto más penoso, más doloroso, debido a que tiene que prescindir de «Dios».

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