Tiempo es ahora de deshacer las marañas de imposiciones, de romper las murallas de podredumbre ideológica
1. Señales premonitorias
En aquel entonces el silencio era casi absoluto. El tiempo transcurría a mi favor, y yo navegaba indolente por sus aguas. Después, a partir de un día —el día prodigioso— no dejé de pensar en la posible existencia de una imagen duplicada. Ahora, mientras intento alejarme con calma de un mundo que de espanto aúlla, palpo mi cuerpo y lo siento arder. Qué extraño. Con lo frío que está el mundo. No sé de qué manera pueden haber surgido las telúricas fuentes de calor que en mí han hallado cauce.
Como un héroe trágico hinco en tierra mi rodilla; por todas partes veo ondear señales premonitorias. Hay unos héroes que son míticos, mágicos, fabulosos… inexistentes al cabo; pero hay otros héroes, éstos sí reales, que son aquellos que intuyen su futuro, olvidan parte de su pasado y luchan contra la adversidad sin volver hacia atrás su rostro despavorido.
Todo eso es cierto, y mucho más. Y heme aquí, pese a todo, incorporándome de nuevo para hacer frente, desde mi cuerpo ligeramente cálido, a las heladas ráfagas del desespero.
2. Un lugar donde vivir
Para vivir allí. Sólo para eso. Para vivir allí. Pero yo no tenía por qué traspasar nuevos espacios desconocidos. No, ciertamente. El viaje imaginario tan confusamente previsto —palabras posibles, presencia indeterminada— era innecesario. Para qué otra vez los mismos hechos aunque en diferente lugar.
Porque en realidad nada tenía yo que ver con todas aquellas posibilidades distantes. Sí, todo aquello debía continuar lejos de mí, en la densa niebla de lo desconocido.
Yo estaba convencido de que era mejor no realizar acción alguna que pudiera sugerir un futuro hipotético, y quién sabe si terrible. Para qué nuevos destinos.
Porque incluso para poder vivir aquí era inmenso el esfuerzo. ¿Partir de nuevo? No. Debía permanecer en el mismo lugar en que me hallaba. Porque, además, y ésta era otra circunstancia a tener en cuenta, era preferible evitar la profecía que acecha a quienes pretenden la travesía del mar.
3. Cada momento pasado, después de haber sido vivido por el ser, conlleva una aceptación inevitable para el propio ser, el cual transita, errático, bajo la bóveda inmensa de la apariencia de las formas. Sí, así es, el ser, en su condición de mortal continúa, pese a todo —la ciencia, los métodos lógicos, la constatación de los hechos…— doblegado, vencido irreversiblemente por su propia temporalidad.
4. ¿Acaso todo debe tender a la concreción de la expresión? Cuando esta tarde atravesaba los campos saturados de luz reflectante, ¿estaba allí la posibilidad del ser? Cuando dejaba tras de mí un paisaje inmenso y a la vez tan querido, ¿tenía el ser a mis espaldas, al final de las mieses?
Me he estado desplazando todo el día describiendo órbitas circulares en torno al lugar al que constantemente acudo, porque sólo en él se contiene lo que yo intuyo del ser.
Bajo los mantos aéreos del calor, al principio de esta nueva noche densa, he decidido avanzar —cumpliendo las condiciones estrictas de la lógica— hacia el levemente definido entorno del ser.
5. En el lugar insólito en el que nos hallábamos parecía que círculos concéntricos limitaran la realidad difusa.
Algo más tarde, después de habernos podido alejar con dificultad de aquellas inimaginables tinieblas, pude reflexionar levemente tras el vértigo.
En mi interior no cesaban de surgir palabras de reconvención.
6. Deberé elegir, en un futuro inmediato, el camino de sirga o cualquier otro que conduzca al lugar donde se halla el friso de los íbices. En realidad, al final de la mayoría de los trayectos, agua y piedra concurren. Y no es inverosímil imaginar que en esa confluencia —en su simbología líquida y compacta— pueda hallarse la respuesta al porqué del comienzo de los itinerarios inevitables.
Sobre los torsos erguidos de aquellos jinetes foscos
se intuía ya la muerte
M. R.
7. Yo vivo en el mundo de mi lenguaje. Lo demás queda lejos, se diría que no existe, que está su pretendida realidad casi extinta. Al menos, así lo vive mi percepción. Porque ¿dónde se encuentra ahora “todo aquello ya pasado”? Si hasta lo acontecido hace un
instante es ya recuerdo. Por otra parte, no parece tener límite —ni espacial ni temporal— la afirmación de lo ambiguo. ¿De qué son prólogo o presagio el silencio y la soledad? Posiblemente del ser en su autenticidad. Ante un mundo que hostiga con totalidades conceptuales y fácticas no cabe responder sino con soledad y silencio. Y así el ser se manifiesta exacto.
Y el enorme conjunto de las obras literarias realizadas hasta la fecha ¿adónde nos conduce, si es que hay previsión de destino para objetivo tan disperso? Quizá escribir no sea más que afirmar parcialmente, discurrir sólo sobre según qué, dudar de casi todo, sucumbir a menudo, ensalzarse y caer de forma alternativa, descender y de inmediato seguir el camino inverso…
8. Relatividad. Planos del pensamiento situados en diferentes estratos. Por encima de la evidencia existe una extraña cosificación. Argumentos inconexos. Distancia e itinerario. De parte a parte. Lenguaje cerrado. Totalidad de límites dispersos. Hasta el infinito. Y el contorno se expande sin cesar. Transformación ante un ser que desconozco. Sí, son trazos quebrados. Nombres escindidos. Incógnitas, premoniciones, ansiedad, voz, tono, acento… Norma y transfiguración. Acracia. Corporeidad. Líneas complejas. Aparente error que clama. Ángel caído. Fulgor. Resurgir incierto. Castigo y renovación. Hora y lugar. Haz simbólico. Sonido, eco y reverberación. División. Aún más, sí, más aún y para siempre. Reducción a cero. Aura dorada. Aniquilación.
9. Como cada hombre. Ser substancial. Ocurre cada vez y para cada hombre: momento último que permanece incógnito.
Ente que ruge.
Mientras, a cada instante, fenecen en línea multitudes humanas en clásica formación de combate. Caen sin cesar.
Ser humano, extraño e imperfecto ser tantas veces contemplado.
Seres todos diferentes. Realidad del ser, incompresible hasta la exageración y la angustia.
Como cada hombre: evolución del neántropo primordial del tiempo de los orígenes, forma homínida, futura e incrédula víctima innominada.
10. Paisajes nocturnos
La soledad está siempre formando parte de lo más inmediato al ser. En el silencio de la noche que acompaña cíclicamente al hombre no hay a menudo más que una realidad plena y
sentida. Casi todo lo existente parece entonces haber desaparecido. Pasión y afecto parecen resurgir al unísono de las hondas cavidades de la evocación. ¡Por fin vuelven aquellos que añoramos! ¡Por fin concluye una angustia cuyo origen sí conocemos!
No se acostumbra a mirar más allá de donde se difuminan los contornos de los cuerpos. Y entre estos y el sonido de las voces es difícil apreciar la magnitud de los fulgores nocturnos, su intensidad o su frecuencia. Pronto cesarán voces y sonidos, en cuanto avance la noche y se vayan extinguiendo las luces que ahora aun brillan; entonces, los cuerpos —tanto los que vislumbro como los que presiento— irán, uno tras otro, doblegándose en silencio.
11. Nuevas voces del antiguo Saber, hijos del Sol: por vosotros puedo hablar. Os debo la palabra.
12. Caídos por fin los ideales —lo que supone una aproximación a la autenticidad de los seres— sólo quedan ya imprecisas imágenes de lo deseable.
13. Formas difusas, peristálticas, ameboides… Sí, formas irregulares, aberrantes, temibles, imprevisibles…
Sí, formas horribles todas ellas, que corresponden a momentos pasados y espantosamente ciertos.
Ya digo: monstruos. Prodigios.
14. Ni siquiera la destrucción es suficiente. Parece permanecer, alternativa, la realidad imperecedera de lo desechable. La tangibilidad —como aspecto parcial de la realidad— está, con todo, ahí, compartida y como provista o revestida de apariencia. Ahí, siempre ahí, opaca, próxima, e imprecisa.
(Casi nada, allí no había casi nada, solamente se podían hallar, entre otras pocas y dispersas pequeñas cosas, algunas incipientes realidades, equidistantes de la cariátide y de extraño aspecto mortecino).
15. Yo escribo siempre —o así al menos a mí me lo parece— desde la misma realidad subjetiva: desde el espacio literario más intelectualmente próximo a la nada.
16. El tiempo futuro, careciendo de imagen como carece, no puede considerarse más que como una superficie emergente, en la que quizá un día todo lo que desde ahora vaya sucediendo se representará proyectado. Será entonces —todo ese acontecer venidero— concreción y categoría.
17. Aquellos seres que no son veraces evitan una y otra vez —para no menoscabar la irrealidad— dirigir su mirada a aquellos otros seres que se hallan postrados.
18. Aquí hablo y espero, aquí, junto al ojo del huracán, aquí, desde el origen de la inmensidad.
19. Ante todo este espacio, y entre todo este silencio, vuelve al ser, una y otra vez, lo que desde siempre ha permanecido a través de los cuerpos.
20. Algunos aspectos de la vida tienen la plenitud y la brevedad de la ofrenda.
21. Cumplida una gran parte de la acción irrevocable de la vida calcinadora, quedan ya pocas nuevas moradas imprecisas a las cuales descender.
22. Génesis
En el principio era el dolor. Vinieron después todas las restantes situaciones terribles.
Así aparecieron la maldad, la envidia, el odio, la crueldad… Alcanzó el ser todas sus características negativas: serían éstas ya, desde entonces, atributos del hombre para siempre (tembló el ser sacudido por la ira).
Surgieron más tarde —teniendo la condición de aleatorias— las deformidades óseas, las incapacidades físicas, las enfermedades de toda índole… Injustificables todas ellas, estarían ya sin embargo, desde aquel momento inicial, hiriendo al ser, postrándolo…
Tuvo lugar a continuación el origen de la contradicción irresoluble, del absurdo, del miedo y aun del terror, y del delirio a todo ello subsiguiente…
Aparecieron más tarde —entre otros— los saurios, los batracios, los protozoarios, los celentéreos, los artrópodos, los anélidos… Se originó la gran confraternidad genética de todos los seres vivos…
Por último, se dispuso la existencia de la muerte, que se fraguó inevitable para el ser… Y quedó así —en la más enorme de las extrañezas— el mundo finalmente completado.
23. Tiempo es ahora de erradicar el pasado y las convicciones erróneas, y de destruir las tradiciones enigmáticas, crípticas, y de desvelar viejos misterios, y de dejar de insistir en lo absurdo… (Imagino un ser harto de caer, enardecido y distante, embrutecido por la realidad…).
Ahora sí, ahora ya es tiempo de lanzar las últimas andanadas de residuos, de vaciar los pudrideros; y de nuevo vendrá el tiempo de la desolación, sí, después diré otra vez lo mismo, volverá nuevamente la náusea…
Tiempo es ahora de deshacer las marañas de imposiciones, de romper las murallas de podredumbre ideológica… (Es que parece no ser posible, hay que dejarlo aislado, no es racional, pertenece a un medio distante, no es preciso avisar a nadie, van alejándose lentamente, oigo su agonía sibilante…)
……
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