Pensar la vida en movimiento, por Mirtha Beatriz Otazua

El siguiente artículo, forma parte de trabajo “Pensar la vida en movimiento: precariedad, subjetividad y salud mental desde los “entres” de la artista plástica, psicóloga social y abogada Mirtha Beatriz Otazua.

En el contexto del capitalismo neoliberal contemporáneo, la vida social se encuentra atravesada por transformaciones que impactan tanto en las condiciones materiales de existencia como en los modos de producción de subjetividad. En este escenario, la precariedad laboral y vital no puede ser comprendida únicamente como una problemática económica, sino como una forma compleja de organización de la vida que incide directamente en la salud mental.

La hipótesis que orienta este trabajo sostiene que el pensamiento binario opera como un dispositivo de poder funcional al neoliberalismo, organizando la experiencia en términos de oposiciones excluyentes —normal/anormal, sano/enfermo, productivo/improductivo— que producen efectos de exclusión y sufrimiento psíquico. El pensamiento binario sostiene, origina y legítima esta forma de vida capitalista neoliberal que nos atraviesa. Frente a ello, se propone la noción de “los entres” como una herramienta conceptual y política que permite desbordar dichas lógicas, habilitando formas de existencia más abiertas, dinámicas y potentes, que siempre están en movimiento, produciendo nuevos matices.

Pensamiento binario y producción de subjetividad

El pensamiento binario constituye una matriz estructurante del pensamiento occidental. Se trata de una lógica que divide la realidad en pares opuestos excluyentes, reduciendo la complejidad de lo real a esquemas simplificados. Sin embargo, esta forma de pensamiento no es neutral, sino que cumple una función política central en la organización y control social.

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En este sentido, el neoliberalismo puede ser comprendido como una racionalidad que produce subjetividad. Tal como sostiene Michel Foucault, “el neoliberalismo no es simplemente una política económica, es una forma de racionalidad gubernamental” (Foucault, 2007, p. 131). Esta racionalidad organiza la vida en torno a la competencia, la eficiencia y la responsabilización individual, configurando sujetos que deben gestionarse a sí mismos incluso en condiciones de precariedad.

Fernando Stivala aporta una clave fundamental al señalar la escisión entre “normalidades por un lado y singularidades por el otro”, lo que evidencia cómo el pensamiento binario configura una “máquina” que organiza la experiencia en términos excluyentes. Esta lógica no solo describe la realidad, sino que la produce, estableciendo jerarquías, diferencias y desigualdades que delimitan los márgenes de inclusión y exclusión.

De este modo, el pensamiento binario se convierte en una tecnología de poder que permite clasificar, jerarquizar y normalizar los cuerpos. Aquello que no encaja en estas categorías es excluido, patologizado o invisibilizado, generando procesos de estigmatización y sufrimiento psíquico.

Precariedad como condición estructural y producción de subjetividad

En el marco del neoliberalismo, la precariedad se configura como una condición estructural que atraviesa tanto las dimensiones materiales como simbólicas de la existencia. No se trata solo de la inestabilidad laboral, sino de una experiencia vital marcada por la incertidumbre, la fragmentación y la inseguridad.

Como señala Ana Grondona, “la pobreza no aparece simplemente como un problema a resolver, sino como un objeto de saber que permite clasificar, jerarquizar y diferenciar poblaciones” (Grondona, 2014, p. 67). En este sentido, la desigualdad no es un efecto colateral, sino una dimensión constitutiva y central del sistema neoliberal.

Este proceso se articula con lo que Foucault denomina tecnologías de poder, en tanto “la población aparece como el fin y el instrumento del gobierno” (Foucault, 2006, p. 105). Así, la precariedad se convierte en un modo de gobierno de la vida, donde los sujetos son interpelados como responsables de su propia situación.

Desde la perspectiva de Deleuze y Guattari, el capitalismo opera mediante una lógica que reorganiza constantemente los flujos sociales: “el capitalismo no funciona mediante códigos sino mediante una axiomática de los flujos descodificados” (Deleuze & Guattari, 2005, p. 261). En este marco, la precariedad aparece como una condición extendida que produce subjetividades inestables, atravesadas por la competencia y la autoexigencia.

Salud mental y determinantes sociales

Desde el enfoque de la salud mental comunitaria, el sufrimiento psíquico no puede ser reducido a una dimensión individual. Por el contrario, debe ser comprendido en relación con las condiciones sociales, económicas y políticas que configuran la vida de los sujetos.

Alicia Stolkiner plantea que “el nivel de democratización de una sociedad se mide por la forma en que trata a las mujeres, a los niños, a los locos y a los diferentes en general” (Stolkiner, 2015, p. 57). Esta afirmación permite comprender que la salud mental se encuentra estrechamente vinculada con el ejercicio efectivo de los derechos humanos y con las condiciones de inclusión social.

Sin embargo, las prácticas hegemónicas tienden a individualizar el sufrimiento, traduciéndolo en diagnósticos que invisibilizan sus determinantes sociales. En este sentido, el poder disciplinario produce “cuerpos dóciles” mediante mecanismos de normalización (Foucault, 2002, p. 141), lo que en el campo de la salud mental se expresa en la medicalización y el control institucional.

Tal como advierte Marcelo Percia, las clasificaciones diagnósticas tienden a “encofrar” la experiencia, reduciendo la complejidad de lo humano y obturando la posibilidad de pensar lo singular. De este modo, la diferencia es leída como déficit, generando procesos de exclusión y estigmatización.

Los “entres” como ruptura y potencia

Frente a las limitaciones del pensamiento binario, la noción de “los entres” se presenta como una herramienta conceptual y política que permite desbordar estas lógicas. Los “entres” no constituyen un punto intermedio, sino una ruptura de la estructura binaria que habilita la multiplicidad y el devenir.

Desde la perspectiva de Deleuze y Guattari, “un rizoma no empieza ni acaba, siempre está en el medio, entre las cosas, inter-ser, intermezzo” (Deleuze & Guattari, 2002, p. 9). El “entre” se configura así como un espacio de producción, donde emergen nuevas conexiones y posibilidades.

Esta concepción implica una crítica a la fijación identitaria. Mientras el pensamiento binario cristaliza a los sujetos en categorías rígidas, los “entres” permiten pensar la subjetividad como un proceso en constante transformación. En palabras de Spinoza, “nadie ha determinado hasta ahora lo que puede un cuerpo” (Spinoza, 1677/2000), lo que señala el carácter abierto y dinámico de la vida.

Asimismo, los “entres” pueden ser comprendidos como un espacio de potencia. Tal como sostienen Deleuze y Guattari, “un agenciamiento es precisamente este crecimiento de dimensiones en una multiplicidad que cambia de naturaleza a medida que aumenta sus conexiones” (Deleuze & Guattari, 2002, p. 16). En este sentido, el “entre” no es un vacío, sino un campo de producción donde se amplían las posibilidades de existencia.

Implicancias en las prácticas de salud mental

Pensar la salud mental desde los “entres” implica una transformación profunda de las prácticas. En primer lugar, supone cuestionar las categorías diagnósticas rígidas y abrir espacio a la singularidad de las experiencias.

En segundo lugar, implica repensar los dispositivos de intervención. En lugar de prácticas centradas en la normalización, se propone el desarrollo de espacios que habiliten la creatividad, la expresión y la construcción colectiva. Como señala Stolkiner, “las prácticas en salud mental deben integrarse a las prácticas generales de salud en el marco de la participación social” (Stolkiner, 2015).

En este sentido, los dispositivos comunitarios y las prácticas artísticas adquieren un valor fundamental, en tanto permiten la emergencia de subjetividades no capturadas por las lógicas hegemónicas. La salud mental deja de ser un atributo individual para convertirse en un proceso relacional, que se produce en los vínculos, en los territorios y en las redes.

El análisis desarrollado permite afirmar que la precariedad laboral y vital constituye una dimensión estructural del capitalismo neoliberal, que impacta directamente en la producción de subjetividad y en los procesos de salud mental. El pensamiento binario aparece como un dispositivo central en este proceso, en tanto organiza la experiencia en términos de exclusión y normalización.

Frente a estas lógicas, la noción de “los entres” se presenta como una herramienta conceptual y política capaz de desbordar las estructuras hegemónicas, habilitando la multiplicidad, el devenir y la potencia de los cuerpos. Pensar desde los “entres” implica una apuesta ética y política orientada a la desprecarización de la vida y a la construcción de modos de existencia más inclusivos, colectivos y humanos.

Bibliografía

Deleuze, G. (1995). Conversaciones. Valencia: Pre-Textos.

Deleuze, G., & Guattari, F. (2002). Mil mesetas: Capitalismo y esquizofrenia. Valencia: Pre-Textos.

Deleuze, G., & Guattari, F. (2005). El Anti-Edipo: Capitalismo y esquizofrenia. Buenos Aires: Paidós.

Foucault, M. (2001). Los anormales. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Foucault, M. (2002). Vigilar y castigar: Nacimiento de la prisión. Buenos Aires: Siglo XXI.

Foucault, M. (2006). Seguridad, territorio, población. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Foucault, M. (2007). Nacimiento de la biopolítica. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Grondona, A. (2014). Saber de la pobreza: Discursos expertos y subclases en la Argentina (1956-2006). Buenos Aires: Centro Cultural de la Cooperación.

Percia, M. (2010). Demasías, locuras, normalidades. Buenos Aires: Topía.

Spinoza, B. (2000). Ética demostrada según el orden geométrico (Obra original publicada en 1677). Madrid: Alianza.

Stolkiner, A. (1999). La interdisciplina: entre la epistemología y las prácticas. Revista Campo Psi.

Stolkiner, A. (2005). Salud mental y derechos humanos. Buenos Aires: UBA.

Stolkiner, A. (2015). Salud mental, derechos y ciudadanía. Buenos Aires: UBA.

Stivala, F. (s/f). Escritos sobre pensamiento binario y crítica a la normalización.

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Mirtha B. Otazua

Mirtha B. Otazua

Es artista plástica, psicóloga social y abogada. Su trayectoria combina la creación artística con un fuerte compromiso con los derechos humanos y la justicia social. Su obra se centra en la representación de mujeres y aborda problemáticas como la igualdad de género, la protección del ambiente y la salud mental.