Este artículo de Maxime Parola analiza el fenómeno de la serie Twin Peaks, creada por David Lynch y Mark Frost, y difundida originalmente en 1990, con continuaciones en 1991, 1992 y 2017. Parola, con formación en psicología clínica y educación, y actualmente doctorando en arte especializado en medios audiovisuales, aporta una lectura analítica centrada en la narrativa y el simbolismo de la obra.
La cadena franco-alemana Arte propone en su sitio volver a ver de amnera integra, la serie Twin Peaks (1990-1991 y 2017). Pero antes de sumergirnos nuevamente en la «Black Lodge», intentemos comprender cómo una serie tan insólita se convirtió en un fenómeno de culto.
Twin Peaks es fruto de dos mentes singulares: el guionista Mark Frost, procedente de la televisión, y el director David Lynch, venido del cine. Si Lynch ya había demostrado su singularidad con películas como Eraserhead (1977) o Blue Velvet (1986), Frost era en 1990 un guionista televisivo más convencional.
La serie comienza con el hallazgo del cuerpo de Laura Palmer, cuya investigación por parte del extraño agente Cooper será el motor de la trama. Así, la historia arranca como un policial clásico, pero pronto incorpora elementos de otros géneros, especialmente el melodrama y lo fantástico.
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Me interesa →Un universo, múltiples medios
Para comprender el fenómeno Twin Peaks, hay que recordar que su universo se desarrolló en distintos medios. Primero la serie con sus dos temporadas iniciales (1990 y 1991), luego una película (Fire Walk With Me, 1992) y finalmente una tercera temporada en 2017.
La trama del asesinato de Laura Palmer se plantea y resuelve entre la primera temporada y la mitad de la segunda. Esta resolución anticipada, junto con el desplazamiento hacia tramas secundarias, provocó la caída de audiencia y la cancelación provisional de la serie en 1991.
Lynch decidió continuar la historia con una película que funciona como precuela y que profundiza en la mitología de la «Black Lodge». Sin embargo, el film fue un fracaso crítico y comercial, lo que pareció cerrar definitivamente el universo de la serie. Es precisamente en ese punto donde nace su estatus de culto: entre el éxito inicial, el fracaso posterior y una gran cantidad de preguntas sin resolver.
El ensayista Pacôme Thiellement diría que el final de Twin Peaks es como la muerte de Laura Palmer: incluso después de su desaparición, la serie continúa persiguiéndonos.
En 2017, veinticinco años después —tal como se había anticipado en la serie—, Dale Cooper regresa. Pero lejos de resolver los misterios, la nueva temporada plantea aún más preguntas, en línea con la evolución del cine de Lynch.
Una víctima misteriosa
El estatus de culto de la serie se construye en gran parte alrededor del personaje de Laura Palmer. Su cuerpo mutilado abre la serie, pero su rostro angelical cierra cada episodio. Entre esas dos imágenes se despliega toda la ambigüedad del personaje.
La serie la presenta primero como una figura pura, cuyas fallas morales se revelan progresivamente. En cambio, la película la muestra de forma más cruda, pero también más noble, una complejidad que solo el espectador percibe.
Paradójicamente, este apego al personaje fue una de las causas de la caída de la serie. La intriga de su asesinato sostenía el interés semanal más que la estética o la mitología. Una vez resuelto el misterio, el interés del público disminuyó.
Una serie, múltiples géneros
Twin Peaks marcó un punto de inflexión en la televisión no por una sola característica, sino por la combinación de varias: mezcla de géneros (policial, melodrama), una intriga central potente y una mitología coherente y misteriosa.
Aunque no fue la primera serie exitosa ni la más compleja de su tiempo —The Prisoner (1967-1968) ya ofrecía propuestas ambiciosas—, sí logró una síntesis única.
Según Thiellement, la serie creó un nuevo tipo de espectador: el «espectador cualificado», que revisa episodios para descubrir detalles ocultos. Este fenómeno fue posible gracias a la popularización del magnetoscopio. El creador de Lost, Damon Lindelof, ha contado cómo su padre grababa y revisaba cada episodio repetidamente.
Pocas respuestas, mucha poesía
Las referencias que construyen la mitología de la serie han sido estudiadas en profundidad, especialmente por Frost, quien ha citado influencias del pensamiento New Age y del ocultismo, como Dion Fortune y Helena Blavatsky.
Aun así, Twin Peaks sigue siendo una obra abierta a múltiples interpretaciones. Una de ellas, propuesta por Thiellement, sugiere que la serie expresa una «nostalgia de la Unidad», visible en los constantes desdoblamientos de personajes y realidades.
Buscar una explicación definitiva resulta inútil. Pero eso no impide seguir interpretando la serie, descubriendo en ella nuevas capas de significado, sutileza y poesía.
Como señala Thiellement:
«Se trata de la constitución de una poética, y la poética es siempre una comunicación por signos».
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