Es difícil creer que la política pueda hacer algo mientras los glaciares se precipitan sobre los valles, los bosques queman el norte de Argelia y el humo invade las cabañas y los hospitales de la isla de Kalimantan.
Es difícil creer que la voluntad pueda hacer algo, dado que la mente en mutación es incapaz de mantener la atención durante más de ocho segundos.
Las grandes tendencias de este siglo son ingobernables. El fascismo contemporáneo es una explosión de demencia de la mayoría blanca aterrorizada por el avance del apocalipsis que el neoliberalismo ha provocado.
Y sin embargo, sabemos que en el universo de lo inevitable, el aleteo de una mariposa puede poner en marcha procesos impredecibles que mandan al carajo a lo inevitable.
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Me interesa →Por eso, debemos prestar atención (durante más de ocho segundos) al hecho de que en el año 2027 habrá cuatro citas electorales en el norte del Mediterráneo: en España, Francia, Grecia e Italia.
No creo que vuelva a haber un retorno a la democracia que conocimos en otro tiempo, porque estamos inmersos en una catástrofe que no es política, sino antropológica y cognitiva.
Pero de la demencia de una clase política europea impotente para gobernar la catastrofe en curso está emergiendo la perspectiva de la guerra. El rearme prepara la guerra, forma parte de ella.
¿Ganará la derecha las elecciones en los cuatro países del norte del Mediterráneo? Las encuestas dicen que sí.
Por otra parte, ¿cómo creer que la izquierda existente pueda resistir la ofensiva del histerismo racista? ¿Cómo podemos pensar que quienes abrieron el camino a la ofensiva nacional-liberal van a revertir la relación de fuerzas?
Solo un frente contra la guerra puede hacerlo.
Solo un movimiento de deserción de la demencia del rearme y de la guerra puede ser ese aleteo de mariposa: lo impredecible que manda al carajo lo inevitable.
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