El espejo es un símbolo de identidad, al contrario del reloj que mide un tiempo burocrático y repetitivo, como un Uróboros o un eterno retorno que nos condena, el espejo es más bien un lector del tiempo poético, no existe linealidad en el reflejo, solo una forma concentrada que nos devuelve la mirada, como si quién viese el tiempo poético fuese el reflejo y no nosotros, como si nosotros fuésemos el instrumento de la poesía y la poesía quien nos usara, como cuerpos poseídos por el espejo.
Mira bien tu reflejo, míralo por un tiempo prolongado y descubrirás que en su lectura no te reconocerás tanto como creías, cada rasgo que el reflejo devuelve al ojo se desconoce, nuestra propia imagen es un invento personal, como si el símbolo de nuestro nombre fuera apenas una fracción diminuta de aquello que somos, de aquello que nos contiene y visto en el reflejo, se transforma en caleidoscopio iridiscente que nos niega.
El espejo, película de Andréi Tarkovski de 1975, realiza una labor poética del símbolo del espejo, es quizá solo a través de ese objeto que podemos hacer del tiempo lineal, uno circular, sin inicio ni final, como si cada espejo transportara a una entrada y salida rizomática del tiempo, formando así un laberinto que nos conecta al mismo tiempo, con nuestro nacimiento y muerte, en esencia, ambas ya sucedieron y siguen sucediendo.
La muerte, como espejo del ser humano, es el momento en que uno se enfrenta con los reflejos de todo aquello que se fue en vida. Cada reflejo es como un espacio intermedio, un tránsito hacia un lugar insospechado, quizá es por eso que se dice que los espejos encontrados se hacen portales por donde pueden transitar los muertos. De esta forma, este artilugio que a tantos ha fascinado, a tantos como los mexicas que intercambiaron su oro por espejos a los conquistadores, es un canal de comunicación directa con un yo que no termina de serlo, con un tiempo reflejado que no se termina de descifrar y que quizá solo podamos culminar de hacerlo en nuestro lecho de muerte, más allá del tiempo, donde solo habitan los reflejos.
Buscamos escritores
Convierte tu manuscrito en realidad. En Editorial Bloghemia te acompañamos en el proceso completo de publicación, desde la edición hasta la distribución.
QUIERO PUBLICAR
Tarkovski en esta película narra en sus propios términos y sus términos son los de los reflejos y el tempo marcado por ellos, al enfrentarnos a este filme, nos enfrentamos a un tiempo poético y no lineal, de ahí que querer entender su propuesta desde una óptica capitalista y productiva, nos hará perdernos en su laberinto, pues lo que propone no es una resolución ni un cierre de jornada, su propuesta es la imagen y la memoria en sí mismas, su propuesta es tratar de entender el tiempo mismo de la muerte y la muerte, en esencia, es silencio, el límite del lenguaje, el final de lo productivo, un descanso.
Tezcatlipoca es uno de los cuatro dioses creadores, junto a sus hermanos. Su símbolo representativo es el espejo humeante, un espejo hecho de obsidiana, piedra volcánica de energía oscura, este dios era el dios de lo oculto, el dios que nos muestra la verdad y el poder a través del reflejo, pero también las debilidades y lo prohibido, la deidad nos muestra que el entendimiento del cosmos antiguo, nada le envidia al inconsciente “iluminado” por Freud. El espejo en esta deidad no es simple reflejo, es una revelación poderosa de aquello que somos y que podemos llegar a ser, una adivinación de los tiempos basada en la arquitectura de nuestro tiempo. Tarkovski en este sentido, invoca, tal vez sin saberlo, a esta deidad precolombina, el fuego y el espejo humeante que queda después del incendio de la casa que nos muestra en su filme, es un símbolo de permanencia, de lo que queda después del caos, también, un anuncio de lo que viene, pero ¿Qué viene?, viene la muerte, siempre ella, solo ella, por cada uno de nosotros, de esta forma el director parece resolver una primera pregunta, el espejo es la muerte.
Dicen que cuando alguien está por morir, los recuerdos e imágenes se proyectan ante los ojos del moribundo, como si de un carrete de fotos o película se tratara, si esto es cierto, cada uno de los que vemos esta película rusa, somos el moribundo postrado en cama que recuerda desde su estado final. Mi madre hace décadas, antes de que yo existiera, tuvo un accidente automovilístico que casi se la lleva al otro lado del espejo, ella relata que con los huesos fracturados y mientras se desangraba, vio fotografías de su familia pasar frente a ella, cada una de esas imágenes perfectas, eran reflejos de otros tiempos y del final de otros más.
Cuento la historia de mi madre como pretexto que da pie a lo siguiente. El espejo es un espacio intermedio y la elección de estas palabras no es inocente, me refiero al espacio intermedio que existe entre la vida y la muerte, ese del que habla el Bardo Thödol o Libro Tibetano de los muertos. En esta tradición tibetana antigua, se cree que el alma del fallecido puede pasar hasta cuarenta y siete días en este mundo después de haber muerto, el bardo, sería esta etapa que se inicia con el moribundo y que culmina cuando el ser, desapegado ya del mundo terrenal, puede trascender hacia Buda o, de fracasar, reencarnar.
Esta tradición resuena en otras, como en la católica mexicana, en la que se dice que el difunto “recorre sus pasos” antes de irse, es decir, el difunto revisita todo aquello que le fue importante antes de partir. Pero no solo esto, existen otras lecturas que remiten al bardo, un ejemplo claro y antiguo, es el propio Libro del Amanecer o Libro Egipcio de los muertos, un texto hecho a partir de la interpretación de distintos jeroglíficos encontrados en antiguas tumbas egipcias. En ellos, se narran, como en el Bardo Thödol, los distintos ritos de paso y pruebas a las que el alma del difunto debería de enfrentarse antes de llegar al “paraíso”, egipcio, el Aaru, en el que el alma misma se volvería una con los dioses.
Esto mismo se refleja en el viaje del alma hacia el Mictlán en la tradición nahua prehispánica. Este viaje, como en el caso de sus homólogos orientales, supone una serie de pruebas a las que el alma debe de someterse antes de encontrar un descanso, estas pruebas también suponen la disolución de la carne, del ego, de las pertenencias, del corazón, así hasta llegar a la verdadera esencia en la que nada material permanece. Estas tres tradiciones o concepciones de un mismo rito de paso, parecieran jugar con la idea de espejo, en primer lugar por su reflejo lejano en distintas civilizaciones y territorios, en segundo lugar porque la condición esencial para la trascendencia, es renunciar al reflejo.

No son pocas las expresiones populares del bardo como espacio intermedio, la película de 2022, Bardo, es una expresión y propuesta personal de otro director, Iñárritu, por mostrarnos su interpretación del tiempo mortuorio, también a través de los ojos de un moribundo y de sus recuerdos reflejo, sobra decir, esta película también es una búsqueda de identidad. Una interpretación de Comala, el mítico pueblo de fantasmas de Rulfo, podría tener una lectura desde el bardo, y en la cultura japonesa, animaciones como Sankarea o El viaje de Chihiro, cuya traducción literal al español es La desaparición espiritual de Sen y Chihiro, parecen también tener un poco de esta misma inspiración liminal.
El bardo es un estado intermedio, también de indeterminación del alma, pues no es materia viva, tampoco trascendencia. El moribundo representa a este ser intermedio, en el caso de la película de Tarkovski, este mismo está inserto en todos los tiempos y se comunica a través de ellos con los espejos, de nuevo, este elemento como portal. Su voz articula cada uno de los momentos de la película, entabla diálogos directos con él mismo en cada uno de sus momentos de vida, reflexiona acerca de sus decisiones y conversa con todo aquello que pudo ser, pero no fue así y a pesar de que él, su voz, está siempre presente en todo momento, ningún momento está completo, pues ya emprende desde su lecho de muerte, su camino hacia la disolución, su camino hacia el final de los tiempos y la fundación de otro tiempo, muy distinto al que cualquier vivo puede conocer, en este proceso, el tiempo lineal comienza su distorsión, se erosiona como arena, tal vez es de ahí que la representación clásica del purgatorio, del bardo, o del limbo, sea desértica, esa arena, es el tiempo granulado, descompuesto.
El bardo, como espacio indeterminado, es casi cuántico y a pesar de que su imagen sea simbólica, existen en este mundo espacios indeterminados, identidades a medias. Otra de las funciones del espejo es arrojar una respuesta a la pregunta acerca de quiénes somos; no obstante, la respuesta no siempre es del todo entendida, no del todo certera. Tarkovski en esta película inevitablemente, al elegir al espejo como vaso comunicante de los tiempos, de su tiempo, se pregunta por su identidad y reconoce, que la construcción de esta no puede formarse a partir de la nada, sino que está íntimamente anclada a la historia, pero no a la historia como una relatoría de sucesión de eventos, sino al acontecimiento de la vida sin fronteras temporales, en donde desde su lecho de muerte, ve al mismo tiempo a la Guerra Patriótica, a su madre, a su esposa y a su hijo, de esta manera, el tiempo deja de presentarse como una línea cronológica por la que solo se puede transitar hacia adelante, para hacerse uno mismo con el espacio, el tiempo como territorio a revisitarse.
La pregunta que cuestiona por el ser, es una que Heidegger se aventuró a realizar en El ser y el tiempo; Tarkovski, hace lo propio en El espejo, su respuesta es poética. Al realizar este cuestionamiento, no puede no ver la historia de su patria, la historia de la Unión Soviética, la Gran Guerra y el estalinismo que dio origen a una URSS a través de la sangre y que exigió como tributo el sacrificio del padre, así, la URSS y México comparten algo más que una revolución campesina y obrera, comparten un territorio sin padre, una familia castrada, Pedro Páramo es una carta a este padre ausente, El espejo, es una obra que hace lo propio en Rusia.
El monólogo del moribundo en la película afirma que fue en 1935 cuando su padre se fue, también cuando su casa se incendió, un incendio del que solo el espejo nace como flor de entre las cenizas, esta trilogía de elementos, padre ausente, incendio del hogar y espejo humeante, es una búsqueda de identidad a partir de la destrucción, ¿Qué es Rusia sin sus padres?, ¿Qué es Rusia cuando la mitad de su concepto está en Europa y la otra mitad en Asia?, ¿Qué es Rusia cuando Europa la niega?, ¿Qué es Rusia sin Ucrania?, ¿Qué es Rusia con una iglesia ortodoxa separada del cristianismo que une a Europa?, ¿Qué es Rusia comunista frente a un mundo liberal?, Rusia se define a través de lo que no es.
En Relaciones Internacionales existe una teoría de los países “puente”, un país puente es aquel que define buena parte de su identidad a través de asumirse como el punto de contacto entre dos culturas o civilizaciones, eso revela un territorio tensado entre dos fuerzas que lo atraen, una cultura que no es por sí misma, sino por aquellas que la rodean. Rusia es el bardo de Tarkovski, una que ante el reflejo del espejo se observa como casa quemada y padre ausente, sin embargo, es a partir de eso que puede volver a descubrirse.
La forma en que finaliza esta película entabla un contacto directo entre todos los tiempos del moribundo, el pájaro herido que sostiene entre manos es un eco, un reflejo directo con el pájaro de su niñez de invierno, uno que lo transportó al nacimiento del nuevo mundo, del mundo que sería su nido y que al hacerlo, lo conectaba también con su muerte, este pájaro, es otro espejo más.
El espejo es un símbolo poderoso y arcano, nos revela día a día nuestra propia muerte cuando le exigimos la devolución de nuestro reflejo, ningún reflejo es definitivo, este nos exige siempre ser interpretado y no ser descubierto del todo, la muerte y el reflejo son hermanas gemelas en su misterio. La identidad como un reflejo incompleto, un bardo, el tiempo entre espejos, es un laberinto no lineal y la muerte, el reflejo final, el espejo completo. La próxima vez que te veas frente a un espejo, puede que tu reflejo sea el símbolo que te observa ya desde tu lecho de muerte.
Publica un artículo
Comparte tu voz con nuestra comunidad. Publica tus artículos en nuestra revista y conecta con lectores apasionados por la cultura, arte y literatura.
ENVIAR ARTÍCULOSuscríbete a nuestro Boletín
Recibe en tu correo nuestros últimos artículos, reseñas y escritos de nuestros colaboradores.








