La Entrevista de Guayaquil: Desmitificando el Encuentro entre Bolívar y San Martín

Grande Bolívar, su gloria crece como crece la sombra cuando el sol declina.

Quiero dejar clara mi opinión sobre el título de El Libertador, que por antonomasia pertenece a Simón Bolívar. Para Bolívar, este título valía más que cualquier cetro sobre la faz de la Tierra y más que cualquier otro al que pudiera aspirar el orgullo humano.

Es importante aclarar esto debido a ciertas disputas y manías posteriores de los argentinos de atribuir ese título al general San Martín. Todos fueron libertadores, pero el título de El Libertador tiene nombre y apellido: Simón Bolívar.

Se ha documentado un acto fallido de Guido (edecán de San Martín) cuando, al mencionar al Libertador, se refiere a Simón Bolívar.



Sobre la Entrevista de Guayaquil

La entrevista generó material para muchas fantasías al ser secreta. No queda más que interpretarla según el material epistolar y los testimonios posteriores a la misma.

Lo cierto del caso es que Bolívar le ganó de mano a San Martín, pues llegó primero que el General Argentino y, digamos, hizo un campo rozado ante los guayaquileños y el territorio en disputa, que irremisiblemente pertenecía a Colombia (Gran Colombia).

Mi interpretación, que es la de Augusto Mijares y me parece acertada por todo el contexto y los sucesos anteriores y posteriores a la entrevista, es que dicha entrevista careció completamente de importancia:

  1. Porque el principal, aunque inconfesado, objeto de ella (el destino de Guayaquil) ya estaba resuelto.
  2. Porque el corto tiempo durante el cual conversaron Bolívar y San Martín, y que ninguno de los dos pensó en prolongar, apenas permitió intercambiar ideas muy generales sobre los numerosos problemas americanos.
  3. Porque ni el Libertador ni el Protector estaban autorizados para iniciar o concluir convenio alguno.
  4. Porque San Martín sabía muy bien que ninguna fuerza lo respaldaba: Perú había reaccionado contra él, y Argentina, dividida por los facciosos, nada podría ofrecerle. En ambas naciones, su autoridad y su prestigio habían desaparecido.

Se advierte en los apuntes de Rufino Guido que, antes de la entrevista, San Martín estaba dispuesto a embarcarse “esa misma noche al salir del baile”. ¿Por qué?

Además de los agasajos que Guido se empeña en atribuir únicamente a los guayaquileños, San Martín contaba, al parecer, con la escuadra peruana que había enviado a Guayaquil cuando aún pensaba inclinar de esa manera la voluntad de la ciudad hacia Perú. ¿Por qué, entonces, se muestra malhumorado? Evidentemente, porque había comprendido que allí no tenía nada que hacer.

Poco después, según el mismo testimonio, advirtió que no podía contar con Perú ni con las fuerzas que mandaba, y “ya no pensó más que en dejar su puesto a otro más afortunado que él”.

Y eso fue todo: víctima de su propio carácter, demasiado proclive a la abstención y al abatimiento, y a punto de ser abandonado por todos (hasta por Cochrane), San Martín no podía alternar con Bolívar, quien estaba dispuesto y decidido a seguir la lucha con todo su ímpetu y con el respaldo de las fuerzas invencibles de Colombia.

Realmente, nada tenía que hacer San Martín con Bolívar, el alfarero de naciones, que estaba acostumbrado a transar y dominar en Venezuela con caudillos impetuosos de la talla de Ribas, Bermúdez, Piar, Mariño, y a sostener deliberaciones y debates con talentosos y celosos republicanos como Santander, Roscio, Fajardo, Urbaneja y otros. Es más, antes de que comenzara la entrevista, ya se podían saber los resultados.

Lo cierto es que imagino a San Martín pensar para sí mismo y decirse, como dice un prócer amigo mío llamado Mariano Medrano: “Es mejor dejar a Bolívar por su acera y yo me voy por la mía”.

Aproximadamente año y medio después, San Martín, junto con Merceditas, se embarcó y se fue a Europa.

Al poco tiempo de esa entrevista, casi un año después, el congreso de Perú llamó a Su Excelencia El Libertador a su defensa, donde su ejército invencible se cubrió de gloria en Junín y Ayacucho. Aquel 10 de diciembre de 1824, cuando le llegó la carta de Sucre sobre los resultados de la batalla, cuentan que Bolívar bailó con la carta como loco de felicidad al enterarse de que el gran Sucre había vencido en Ayacucho. En ese exacto momento, defino el punto donde Bolívar alcanzó su máxima gloria, el cenit.

Grande Bolívar, su gloria crece como crece la sombra cuando el sol declina.

Dejo a cada quien la interpretación de los apuntes de Guido sobre algunas actitudes del Libertador. En lo que a mí respecta, y de tanto haber estudiado y analizado el comportamiento y proceder de Simón Bolívar, puedo ver que ciertas descripciones y testimonios son capciosos y no corresponden al retrato moral de Bolívar que se ha forjado en mi mente.

Para profundizar aún más en el asunto, debo acotar que existen dos relaciones oficiales de la Conferencia de Guayaquil, ambas firmadas por José Gabriel Pérez, secretario del Libertador: una dirigida al gobierno de Colombia y la otra al general Sucre.

En lo esencial, ambas notificaciones coinciden con lo referido por Bolívar, aunque la carta de Bolívar a Santander pareciera más espontánea por ser correspondencia privada.

La relación oficial de Pérez al gobierno señala algunos puntos concretos que fueron objeto, dice, de las conversaciones entre los dos libertadores; y los historiadores han convenido en admitirlos con ese carácter, aunque Pérez, con igual malignidad que Guido, presenta a San Martín “haciendo preguntas vagas e inconexas sobre las marinas militares y políticas sin profundizar ninguna, pasando de una a otra y encadenando las especies más graves con las más triviales”. Y hasta llega a puntualizar que “al llegar a la casa, preguntó el Protector a S.E. si estaba muy sofocado por los enredos de Guayaquil, sirviéndose de otra frase más común y grosera aún, cual es ‘pellejerías’, que se supone ser el significado de ‘enredos'”.

Según Pérez, los temas de la entrevista se desarrollaron así: acerca de Guayaquil, el Protector manifestó que ya no tenía por qué mezclarse en ello; sobre la forma de gobierno que convendría a los estados americanos, se inclinaba por la Monarquía, y para Perú, en concreto, proponía que se ofreciera la corona a algún príncipe europeo; pero Bolívar se mostró absolutamente opuesto a esto último, y, como tesis general, mantuvo los principios constitucionales que había fijado en el discurso de Angostura. En cuanto a la Confederación hispanoamericana, San Martín aceptó con entusiasmo las ideas del Libertador: “cree que el gobierno de Chile no tendrá inconveniente en entrar en ella, pero sí el de Buenos Aires por la falta de unión en él; pero de todos modos, nada desea tanto el Protector como que subsista la federación de Perú y Colombia, aunque no entre ningún otro Estado más en ella”. La cuestión de límites entre Perú y Colombia no suscitó discrepancia alguna, porque ni San Martín ni Bolívar se creían autorizados a resolverla; además —agrega Pérez—, habiendo venido el Protector como simple visita sin ningún empeño político ni militar, pues ni siquiera habló formalmente de los auxilios que había ofrecido Colombia y que sabía se aprestaban para partir, no era delicado prevalecerse de aquel momento para mostrar un interés que habría desagradado sin ventaja alguna, no pudiendo el Protector comprometerse a nada oficialmente.

Hay otra interpretación de la entrevista derivada de una carta que salió 22 años después de haberse efectuado dicha entrevista, es decir, en 1844, publicada por un francés de apellido Lafond. De dicha carta no han aparecido jamás ni la original ni los borradores, por lo cual los historiadores de los países bolivarianos la consideran apócrifa.

Varios trabajos de Lecuna y Mendoza prueban que es una invención insostenible.

Para Augusto Mijares, de igual forma, si se admitiera como auténtica, muy poco le hace favor a San Martín y en nada oscurece la gloria del Libertador.

La Tigresa de Azerbaiyán - Editorial Bloghemia Pacto con la Muerte - Editorial Bloghemia Para Encontrarte - Editorial Bloghemia Secretos a los 13 - Editorial Bloghemia
Editorial Bloghemia Logo

Publica tu libro con calidad y acompañamiento editorial

Publica un artículo

Comparte tu voz con nuestra comunidad. Publica tus artículos en nuestra revista y conecta con lectores apasionados por la cultura, arte y literatura.

ENVIAR ARTÍCULO

Suscríbete a nuestro Boletín

Recibe en tu correo nuestros últimos artículos, reseñas y escritos de nuestros colaboradores.

Eduardo Rodríguez
Eduardo Rodríguez

Eduardo Rodríguez, es un venezolano, Geólogo graduado en la Universidad de Oriente- Bolívar, e historiador en Cátedra Bolivariana perteneciente a Sociedad Bolivariana de Venezuela.

Artículos: 43