Neiman enfatiza que su libro no pretende definir el woke, sino más bien clarificar qué significa ser de izquierda en la actualidad. Para ella, la izquierda se fundamenta en tres pilares esenciales: universalismo frente a tribalismo, lucha por la justicia en lugar de simplemente poder, y la convicción de que el progreso es posible, aunque no inevitable. “Decir que no hemos progresado en la lucha contra el racismo y el sexismo es una visión muy peligrosa, porque lleva a la gente a desesperarse por el progreso a futuro”, alertó.
América Latina y el dilema woke
El impacto de su libro en países como Brasil y Chile también llamó la atención de Neiman. “Lo que me dijo la gente a la que le gustó el libro es que esto es lo que necesitaban, porque sentían que Lula y Gabriel Boric, para poder armar coaliciones, tenían que incluir cosas que les parecían demasiado woke”. Entre los temas que generaron controversia, mencionó las discusiones sobre baños de género, calificándolos como “un tema inventado” que políticos como Trump han usado con éxito para distraer del debate central sobre derechos sociales.
Neiman también cuestionó la relevancia de seguir debatiendo conceptos como la lucha de clases de la manera en que lo hicieron Marx y Engels hace 150 años. “Tratar de discutir sobre clases cuando en ninguna parte del mundo la clase está estructurada como lo estaba en los tiempos de Marx y Engels tiene muy poco sentido para mí“, afirmó. Además, descartó la efectividad de las revoluciones armadas, señalando que “la lucha armada, como los gobiernos autoritarios, niega el concepto de derechos humanos que es central en mi definición de izquierda universalista”.
Los peligros de la confusión
Neiman advierte que equiparar la izquierda con el woke no sólo es incorrecto, sino peligroso. “La idea de que no hay nada más que poder, que las pretensiones de justicia no son más que exageraciones, le encanta a los dictadores de derecha y a los dictadores que se llaman a sí mismos de izquierda, pero está también muy presente en las tradiciones woke”, argumentó. Para ella, esta visión tribalista contradice los valores universales que la izquierda debería defender.
Sobre el panorama político en Estados Unidos, criticó la estrategia de identidad política adoptada por algunos demócratas. “Aunque Kamala Harris no hizo una campaña woke, Joe Biden sí lo hizo. Es curioso: el viejo hombre blanco de la Casa Blanca era extremadamente woke”. Además, expresó su descontento con la designación de Ketanji Brown Jackson para la Corte Suprema, asegurando que “esto no se trata de identidad, sino de justicia”.
Una crítica a la izquierda actual
Para Neiman, el verdadero reto de la izquierda es recuperar los principios universales que alguna vez definieron sus luchas. Enfatizó la importancia de construir frentes populares para enfrentar el auge del fascismo y el neofascismo, pero insistió en que esto no debe hacerse sacrificando la búsqueda de justicia social en favor de la política de identidad. “Para la izquierda, los derechos sociales son auténticos derechos, tan importantes como los derechos políticos”, concluyó.
En un mundo cada vez más polarizado, el libro de Susan Neiman busca aportar claridad a un debate que, según ella, ha sido distorsionado por agendas identitarias. “Es fundamental distinguir entre los principios universales de la izquierda y las estrategias divisivas que caracterizan al woke”, afirmó.