Cómo el salario se convierte en una herramienta de esclavitud moderna, según Zygmunt Bauman

En el panóptico, ya fuera un asilo o una fábrica, no había espacio para la elección; solo la rutina y la supervivencia


Por: José Daniel Figuera

En su obra “Trabajo, socialismo y nuevos pobres”, el filósofo y sociólogo Zygmunt Bauman explora cómo el salario, lejos de ser una herramienta de liberación, se ha convertido en un mecanismo de control y esclavitud moderna. Bauman argumenta que los salarios precarios mantienen a los trabajadores en un ciclo interminable de supervivencia, donde cada día de trabajo es una necesidad impuesta, sin espacio para la elección o la libertad.



La ética del trabajo, promovida como una solución moral, terminó siendo un instrumento para justificar la explotación laboral y la pobreza sistemática.

La ética del trabajo: ¿Liberación o control?

Bauman señala que la ética del trabajo surgió como una respuesta a las necesidades de la industria naciente. Se pensaba que esta ética resolvería dos problemas: la demanda de mano de obra y la eliminación de la “molestia” que representaban los pobres y desempleados. Sin embargo, esta ética no fue diseñada para liberar a las personas, sino para controlarlas. “El precepto de trabajar, bajo cualquier condición, se convirtió en la única forma moralmente aceptable de ganarse el derecho a la vida”, explica Bauman.

La estrategia de la precariedad

Una de las estrategias clave para mantener a los trabajadores bajo control fue mantener los salarios en un nivel tan bajo que apenas alcanzaran para la supervivencia diaria. “El trabajo del día siguiente se convertía en una necesidad impuesta, una situación sin elección”, destaca Bauman. Esta precariedad no solo aseguraba que los trabajadores regresaran cada día, sino que también les impedía cuestionar su situación o buscar alternativas.

Los asilos y la deshumanización de los pobres

En el siglo XIX, los reformistas implementaron medidas como la creación de asilos para pobres, donde las condiciones eran tan horrendas que incluso los salarios más miserables parecían una opción preferible. “Los asilos servían como un recordatorio constante de lo que les esperaba a quienes no se sometieran a la ética del trabajo”, explica Bauman. Esta estrategia no solo perpetuaba la pobreza, sino que también deshumanizaba a quienes no podían integrarse al sistema laboral.

Bauman también cita a Jeremy Bentham, quien argumentaba que la única manera de asegurar la disciplina laboral era eliminar cualquier alternativa para los trabajadores. “En el panóptico, ya fuera un asilo o una fábrica, no había espacio para la elección; solo la rutina y la supervivencia”, resume Bauman.

La ética del trabajo, lejos de ser una herramienta de liberación, se convirtió en un mecanismo de control que perpetuó la desigualdad y la explotación. “La crueldad de estas medidas fue justificada como un acto moral, necesario para el progreso de la sociedad”, concluye Bauman.

Bauman nos invita a reflexionar sobre las estructuras laborales modernas y cómo, en muchos casos, siguen perpetuando ciclos de explotación y falta de libertad. ¿Es posible construir un sistema donde el trabajo sea verdaderamente liberador y no una forma de esclavitud moderna?

Fuente de la investigación

Zygmunt Bauman. Trabajo, socialismo y nuevos pobres. Editorial Paidós, 2023.

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