Paulo Freire : «¿puede alguien ser educador / guía sin ser opresor?»

“La tarea fundamental del educador y la educadora es una tarea liberadora. No estimula la reproducción de los objetivos, aspiraciones y sueños del educador en el educando, en el alumno; por el contrario, fomenta la posibilidad de que los estudiantes se adueñen de su propia historia. 

                                 



¿Cuál es el papel del educador al apoyar el desarrollo de un docente democrático? 

Por: Paulo Freire

El problema del papel del educador en la educación y su correlato —«¿puede alguien ser educador / guía sin ser opresor?»— son fundamentales. En primer lugar, al pensar radicalmente la importancia del docente en la vida de los alumnos y las alumnas, y al pensar sobre todo en lo que representa el docente y no sólo para el entrenamiento técnico y científico de los alumnos y las alumnas, no cabe duda alguna de que el docente debe ser un educador. Pero para ser un educador tendrá que desafiar la libertad creativa de los alumnos y estimular la construcción de la autonomía de ellos. Es necesario que el docente entienda que la auténtica práctica del educador consiste en negarse a asumir el control de la vida, los sueños y las aspiraciones de los educandos puesto que, si lo hiciera, podría fácilmente recaer en un tipo de educación paternalista. 

La tarea fundamental del educador y la educadora es una tarea liberadora. No estimula la reproducción de los objetivos, aspiraciones y sueños del educador en el educando, en el alumno; por el contrario, fomenta la posibilidad de que los estudiantes se adueñen de su propia historia. Así entiendo yo la necesidad de los docentes de trascender la tarea meramente instructiva y asumir la postura ética del educador que cree con plena convicción en la autonomía total, la libertad y el desarrollo de los educandos. 

El educador democrático debe evitar caer en la trampa liberal de evaluar a sus alumnos con una lente deficitaria que lo lleva a transferirles sus sueños, aspiraciones y conocimientos de manera simple y paternalista en un proceso de autoclonación. El estudiante «clonado» no tiene posibilidades de ser la imagen y semejanza de su educador o educadora.  Otro de los riesgos que corre el educando es que el educador o la educadora intenten transformarlo en un repetidor de su trabajo. Un verdadero educador evitará, a cualquier costo, transformar a sus educandos y educandas en individuos canalizados como objetos que, a su vez, reproducirán la obra, los objetivos y las aspiraciones de la tentativa científica del educador. 

En otras palabras, la postura ética del educador es no utilizar jamás —cosa que suele hacerse— a los alumnos(as) para maximizar su propia gloria y sus propias aspiraciones. Esta forma de educación no sólo es explotadora; también es fundamentalmente antidemocrática. 

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