Pandemia, vigilancia y control biopolítico | por Byung-Chul Han
¿Por qué la revolución ya no es posible? por Byung-Chul Han
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Al capitalismo no le gusta el silencio | por Byung-Chul Han
Notas
[1] Paul Kingsnorth, Confesiones de un ecologista en rehabilitación, Errata Naturae, Madrid 2019, p. 174.
[2] Alba E. Nivas, “Libres”, ctxt, 7 de junio de 2019.
[3] Santiago Alba Rico, “Transformación antropológica y paradigma tecnológico”, PAPELES de relaciones ecosociales y cambio global 144, Madrid 2019, p. 24.
[4] Ramón Fernández Durán y Luis González Reyes, En la espiral de la energía, vol.2: colapso del capitalismo global y civilizatorio (segunda edición), Libros en Acción, Madrid 2018, p. 303 y ss.
[5]
Veamos. Nadie discutirá que “un ordenador o un móvil son prácticamente
los objetos que más tecnología punta tienen de entre todos los objetos
que un humano de nuestra era puede comprar con su trabajo. Tiene
procesadores, memorias, pantallas, antenas, batería, todo tipo de
sensores, dispositivos de posicionamiento por satélite, micrófonos y
altavoces y sólo tienen sentido con internet funcionando para ellos. Y
esto no implica precisamente poca energía: casi diría que hace falta
extraer materia y energía de todos los rincones del planeta para
fabricar un sólo móvil u ordenador (y los gadgets modernos que
son básicamente ordenadores, como las televisiones, reproductores
multimedia, videoconsolas, circuitería de coches, enchufes inteligentes y
todo tipo de electrodomésticos que tengan la palabra smart).” Félix Moreno, “El fin de la memoria”, revista 15/1515, 6 de noviembre de 2019. Más por extenso en Félix Moreno, PEAK MEMORY PEAK COMPUTING. El fin de la informática: El fin de la memoria de la sociedad de la información https://www.amazon.es/PEAK-MEMORY-COMPUTING-fin-inform%C3%A1tica/dp/B08974KDPS
[6]
Los centros de procesos de datos hoy existentes necesitan un promedio
de electricidad equivalente al consumo de un país como España (unos 200
teravatios-hora por año). Si a los centros se le suman todos los
dispositivos y redes vinculados a los mismos, toda esta tecnología
necesita entre el 5% y el 9% del consumo mundial de electricidad. Y este
porcentaje está creciendo rápidamente.
[7]
Una buena actualización sobre este asunto en José Bellver, “La Cuarta
Revolución Industrial ante la crisis ecológica”, en AAVV, La Cuarta Revolución industrial desde una mirada ecosocial, Clave Intelectual, Madrid 2018, p. 21 y ss. Del mismo autor, “Costes y restricciones ecológicas al capitalismo digital”, PAPELES de relaciones ecosociales y cambio global 144, Madrid 2019, p. 59 y ss.
Según investigadores de un centro de estudios francés llamado The Shift Project,
los vídeos que se cuelgan en internet provocan la emisión de unos 300
millones de toneladas de dióxido de carbono cada año. De todos estos
vídeos que se encuentran colgados en la red, casi una tercera parte son
pornografía. (En estos cálculos no se tiene en cuenta la retransmisión
de vídeos en directo como, por ejemplo, en vídeollamadas o webcams, que constituyen otro 20% del flujo global de los datos.) “Así contribuye el porno al cambio climático”, La Sexta, agosto de 2019.
Resumiendo estos datos de The Shift Project: la proliferación de servicios de streaming
para series y películas (como Netflix y como el Prime Video de Amazon)
son los principales responsables del derroche energético, con un 34% del
tráfico mundial de datos, seguidos por la pornografía (27%) y portales
de vídeo como Youtube (21%). En esos cálculos están incluidos los tan
publicitados esfuerzos de las empresas en compensar su huella de carbono
comprando “energías limpias”. Francisco de Zárate, “Internet: causante y víctima del calentamiento global”, Retina, 9 de octubre de 2019.
[8] Artículo mencionado en Isabel Rubio y Olivia L. Bueno: “¿Cuánto contamina enviar un tuit, hacer una búsqueda en Internet o ver un vídeo de Youtube?”, El País, 12 de julio de 2020.
[9] Nicola Jones, “How to stop data centres from gobbling up the world’s electricity”, Nature
vol. 561, 12 de septiembre de 2018; doi: 10.1038/d41586-018-06610-y.
Hacia el final del texto el autor escribe: “Prohibir las cámaras en
color de alta definición sólo en los smartphones podría reducir
el tráfico de datos en Europa en un 40%, dice Ian Bitterlin, ingeniero
consultor y experto en centros de datos en Cheltenham, Reino Unido.
Pero, agrega, nadie parece atreverse a instituir tales reglas. No podemos volver a cerrar la caja de Pandora, dice”.
[10] https://twitter.com/A_Aretxabala/status/1275693680117121026 . Véase también Antonio Aretxabala, “Una reflexión más en torno al 5G y los retos de nuestra organización social”, en su blog, 1 de julio de 2020.
[11] Ben Tarnoff, “To decarbonize we must decomputerize: why we need a Luddite revolution”, The Guardian, 18 de septiembre de 2019.
[12] https://twitter.com/luisglezreyes/status/1212643039337992194
. El artículo al que se refiere es “Dynamic Energy Return on Energy
Investment (EROI) and material requirements in scenarios of global
transition to renewable energies” en https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2211467X19300926 .
[13] Antonio Aretxabala, “Una reflexión más en torno al 5G y los retos de nuestra organización social”, en su blog, 1 de julio de 2020.
[14]
“Insustentabilidad (…) puede significar bloqueo de los dispositivos
sociales de aprendizaje como consecuencia de una aceleración excesiva y
de una conectividad demasiado alta. Si se pretende que el debate sobre
la crisis ecológica no sea sólo un melancólico ejercicio contemplativo,
no sólo una mirada informada al camino de descenso de la era industrial,
se ha de suponer que los seres humanos son capaces de aprender por
anticipación y, por tanto, de modificar su conducta por razones
diferentes a la constricción física directa. Ahora bien, el aprendizaje
consciente tiene algunas condiciones. Dos de ellas, muy importantes, son
tener tiempo y disponer de márgenes de error. El aprendizaje requiere
tiempo para seleccionar positivamente las adaptaciones viables. Exige
también lugares no tocados por los efectos del error, desde los que éste
pueda corregirse. Ambas condiciones emanan del hecho básico de que el
error es inevitable. Si un sistema reflexivo se acelera demasiado, sus
centros de decisión empiezan a cometer errores cada vez más grandes y
cada vez más frecuentes. Si se globaliza demasiado, si todos sus
elementos están fuertemente conectados, los errores se difunden por
todas partes y faltan los espacios alternativos, disponibles para
ensayos eventualmente exitosos. Si, además de eso, el sistema dispone de
una tecnología poderosa, es decir, capaz de alterar intensa o
profundamente el ecosistema, entonces se dan todas las condiciones para
que valga la pena preocuparse seriamente. En estas condiciones, la
sustentabilidad consiste en mantener la flexibilidad, evitando una
aceleración y una interconexión excesivas. Según este enfoque, una
sociedad se torna inviable cuando tiene más y más opciones en intervalos
temporales más y más cortos. Cuando, por ejemplo, se muestra incapaz de
controlar la proliferación nuclear, cuando introduce cada año en la
naturaleza miles de nuevas sustancias químicas, o cuando se dispone a
hacer lo mismo con miles de organismos genéticamente manipulados. Esto
no es exactamente lo mismo que exceso en cuanto a la escala física, y ni
siquiera es equivalente a incremento entrópico innecesario (aunque en
este caso la semejanza es significativa); se trata más bien de un fallo
básico en el sistema de información, de un dispositivo muy potente de
amplificación del error.” Ernest Garcia, “Los límites desbordados.
Sustentabilidad y decrecimiento”, Trayectorias vol. 9 num. 24, Universidad Autónoma de Nuevo León, mayo-agosto de 2007, p. 11-12.
[15]
El ensayista estadounidense Nate Hagens, antaño profesional de elevada
posición en Wall Street y hoy ecologista experto en energía, ha
propuesto una perturbadora pero acertada imagen del “superorganismo
humano” como Gran Ameba. Nate Hagens, “¿Qué sucedería si los paneles fotovoltaicos fuesen gratuitos?”, en Crisis energética, 3 de octubre de 2016.
[16]
“Dentro de ciertas condiciones de velocidad, cuando el info-flujo es
lento, un modelo racional de gobierno puede controlar el entorno y
decidir entre posibilidades y alternativas. Pero cuando la intensidad de
la información y la velocidad de la infoesfera sobrepasan el ritmo de
elaboración de la mente, ya no podemos extraer significado de la
experiencia y la psicoesfera se ve afectada por una sensación de
confusión. El significado ya no puede ser captado dado que no podemos
extraer una explicación finita del flujo infinito como herramienta
funcional para la interacción social y la comprensión. Llegados a este
punto, el orden social sólo puede producirse por medio de selectores
sintácticos y decisiones automáticas. La interpretación semántica ya no
es posible dado que el tiempo es demasiado corto. Las decisiones deben
tomarse por defecto a través de máquinas puramente sintácticas. A esto
nos referimos cuando hablamos de gobernanza.” Franco “Bifo” Berardi, Fenomenología del fin. Sensibilidad y mutación conectiva, Caja Negra, Buenos Aires 2017, p. 239.
[17] Sobre este enorme asunto, las reflexiones de Hartmut Rosa y Byung Chul-Han me parecen muy valiosas.
[18] Marta Peirano: “Las redes sociales están diseñadas para generar ‘loops’ de dopamina” (entrevista), Yorokobu, 28 de agosto de 2019.
[19] Jaime Vindel, “Convivencialidad e instituciones culturales”, ctxt, 24 de junio de 2020.
[20]
Isaac Quintana Fernández, “La tecnología 5G va a abrir la puerta a la
llegada de la cuarta revolución industrial” (entrevista), La Provincia (Las Palmas de Gran Canaria), 6 de julio de 2019.
[21] “El significado que derivamos de nuestra existencia debe surgir de nuestra conexión [connectedness],
si es que queremos tener éxito en el mantenimiento de nuestra
civilización en un futuro lejano: conexión interior, con otros humanos y
con todo el mundo natural. Una nueva conciencia global podría permitir a
nuestra sociedad experimentar una Gran Transformación en valores y
comportamiento hacia una civilización sostenible y floreciente. Tendría
que fundarse en una cosmovisión que, orientándonos hacia el futuro,
permita a la humanidad prosperar de manera sostenible en la Tierra. En
lugar de metáforas raigales [root metaphors] como la naturaleza
en cuanto máquina y la naturaleza que ha de ser conquistada, la nueva
cosmovisión se basaría en la emergente visión sistémica de la vida,
reconociendo la interconexión intrínseca entre todas las formas de vida
en la Tierra y viendo a la humanidad insertada integralmente dentro del
mundo natural. En contraste con el marco dualista de significado que ha
estructurado dos milenios y medio de pensamiento occidental, la forma de
pensar sistémica –integrada con las percepciones de la sabiduría
tradicional– conduce a la posibilidad de encontrar un significado a
través de la conexión dentro de nosotros mismos, entre nosotros, y con
el mundo natural. Esta forma de pensar, al ver el cosmos como una gran
red de significados, tiene el potencial de ofrecer un marco sólido para
los valores de una Gran Transformación que enfatice la calidad de vida,
nuestra humanidad compartida y el florecimiento de la naturaleza.”
Jeremy Lent en su web (consultada el 11 de febrero de 2018): https://www.jeremylent.com/sustainable-flourishing.html . Tiene también muchísimo interés su artículo “A house on shaky ground: Eight structural flaws of the Western worldview”, 19 de mayo de 2017.
[22] Importante la reflexión de Naomi Klein: “Distopía de alta tecnología para el postcoronavirus”, El Viejo Topo, 25 de mayo de 2020.
[23] Citada en Andrés Ortega, “Erosión del libre albedrío”, El País,
14 de julio de 2019. Luego se refiere Ortega a cómo “Jamie Susskind, en
su libro sobre el futuro de la política, considera que estos avances
tecnológicos harán que todo se escudriñe mucho más que antes, lo que es
positivo, aunque las grandes empresas del sector se resisten a desvelar
los algoritmos con los que funcionan. Estos algoritmos no sólo
analizarán la realidad, sino que, a través de su capacidad para modelar
nuestro comportamiento, acabarán determinándola. Las personas seremos lo
que los algoritmos nos digan que hemos de ser, según este autor”.
[24]
El filósofo francés Éric Sadin es uno de los autores que ha tratado de
analizar en profundidad este fenómeno. “Hemos superado la era de la
digitalización para entrar en la de la medición de la vida. Los sensores
se introducen en nuestro día a día a través de relojes inteligentes y
casas conectadas. Han aparecido aplicaciones que acumulan datos a una
escala gigante, explotados por sistemas de inteligencia artificial cada
vez más sofisticados. Eso les permite responder a nuestras necesidades y
sugerirnos productos y servicios de manera incesante. Detrás de esas
aplicaciones hay una voluntad de mercantilizar todas las esferas de la
vida. Se trata de un acompañamiento algorítmico de nuestra existencia
que puede parecer benevolente aunque en realidad tiene finalidad
comercial y esconde intereses privados. (…) Hoy cambia [con respecto a
momentos anteriores en el despliegue tecnológico] la voluntad de
conquistar nuestro comportamiento. El poder de penetración es mucho
mayor. Esos sistemas son capaces de interpretar situaciones y tomar
decisiones sin que el ser humano tenga que intervenir. Se trata de una
ruptura histórica. Espero (…) que la fuerza de decisión humana siga
primando. Pero también observo una conquista integral de nuestra vida
por parte de las [compañías] tecnológicas. Estamos superando un umbral
de liberalismo para entrar en lo que yo llamo tecnoliberalismo, que ya
no acepta que ningún rincón de la existencia humana quede al margen de
su control. (…) El punto de inflexión son los atentados del 11-S. La
primera potencia económica y militar empieza a seguir la pista de los
individuos a partir de datos cruzados: comunicaciones telefónicas,
tarjetas de crédito, datos diseminados por Internet… A partir de 2011,
el desarrollo de los sensores y la inteligencia artificial posibilita la
retroactividad. Es decir, la capacidad de orientar una decisión, de
manera automatizada, a partir de datos sobre el comportamiento que un
usuario ha demostrado tener en el pasado. (…) Nos dirigimos hacia la
muerte de la figura humana según el modelo de la Ilustración, que antes
fue el del Renacimiento. Es decir, un ser humano dotado de la capacidad
de definirse libremente a sí mismo y de actuar con responsabilidad, que
es la noción sobre la que se erige todo nuestro régimen jurídico. Si
delegamos cada vez más decisiones individuales y colectivas ante esos
sistemas tecnológicos, perderemos nuestro libre albedrío y nuestra
capacidad política. Yo abogo por reintroducir lo sensible, la
contradicción, la imperfección, el miedo al contacto con otro y al
conflicto, cuando éste sea necesario.” Éric Sadin entrevistado en Babelia, 8 de julio de 2017.
[25] Manuel Sacristán, “Comunicación a las jornadas de ecología y política”, Murcia, 4 a 6 de mayo de 1979; luego en Pacifismo, ecología y política alternativa, Icaria, Barcelona 1987, p. 11.
[26] Jordi Pérez Colomé, “Cómo le vigilan los móviles Android sin que lo sepa.
Un estudio dirigido por dos académicos españoles de más de 1.700
dispositivos de 214 fabricantes descubre los sofisticados modos de
rastreo del ‘software’ preinstalado en este ecosistema”, El País, 18 de marzo de 2019.
[27] Javier Sampedro, “Demasiada cara”, El País, 29 de agosto de 2019.
[28] Patricia Esteban, “La cara oculta del reconocimiento facial”, El País/ Negocios, 27 de octubre de 2019.
[29] Véase por ejemplo el folleto de propaganda Transformación digital 4.0 –Innovación para acortar distancias, que se entregó junto con el diario El País el 23 de abril de 2020.
[30]
Inma Moscardó, “Quien tiene un robot tiene un tesoro”, en el extra
monográfico sobre publicidad “Nuevas miradas, mismos retos”, El País, 26 de enero de 2018, p. 6.
[31]
“Las empresas tecnológicas lo saben desde hace mucho tiempo. Por eso lo
llamamos tecnología persuasiva [a lo que hacemos]: nos centramos en
crear explosiones de dopamina [en el cerebro de los consumidores]. El
GOP [Partido Republicano de los EEUU] usó escáneres de imagen por
resonancia magnética (MRI) hace décadas para evaluar la respuesta del
cerebro a los mensajes…”. Todo el hilo de tuits
a que pertenece este comentario, iniciado por el gran climatólogo Kevin
Anderson, merece reflexión atenta. Véase también Berit Anderson y Brett
Horvath, “El ascenso de la máquina de armas propagandísticas de
inteligencia artificial” (Papeles 138, Madrid 2017).
[32]
“Cita investigaciones internacionales que demuestran cosas alucinantes,
como una que midió el impacto de las interrupciones en el trabajo de
oficina: al parecer se necesitan al menos 25 minutos para recuperarse de
una llamada o un e-mail y volver a ser igual de productivos que antes.
Pero sobre todo menciona dos estudios que me dejaron pasmada. Uno fue
hecho en 2014 en el University College de Londres sobre la influencia de
la multitarea en la estructura del cerebro. Descubrieron que juguetear
con el maldito móvil mientras se hace otra cosa nos afecta físicamente
la sesera; y, así, cuanto más tiempo pasas chateando y viendo la tele,
por ejemplo, menor densidad de materia gris tienes en el córtex del
cíngulo anterior, un rincón del cerebro de nombre complicado pero máxima
importancia, porque ese córtex es esencial en el procesamiento de la
información, así como en la detección de errores y conflictos. (…) El
otro estudio al que me refería no deja de tener su horripilante gracia.
Lo hicieron en la Universidad de Londres y encontraron que las personas
distraídas por la tecnología experimentaban una disminución de su
coeficiente intelectual superior a si hubieran consumido marihuana.
Bueno, supongo que depende de la cantidad de hierba que te metas, pero
de todas formas los que hemos vivido los años de la psicodelia sabemos
de qué abismos de modorrez estamos hablando…” Rosa Montero, “La civilización del estupor”, El País Semanal, 29 de diciembre de 2019. El texto de Nuria Oliver es un capítulo del libro colectivo Los nativos digitales no existen, Deusto Ediciones.
[33] Bruno Pattino, La civilización de la memoria de pez, Alianza, Madrid 2020.
[34] Carmen Pérez-Lanzac, “Leemos distinto, ¿leemos peor?”, El País,
24 de mayo de 2020. El artículo resume gran cantidad de investigación
del “Grupo de Stavanger”, y la pregunta del titular es retórica.
[35] Nicholas Carr, La pesadilla tecnológica, Eds. El Salmón 2019, p. 295-297 (el autor glosa un estudio de la Universidad de Yale en 2015).
[36] Nicholas Carr, Superficiales. ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes?, Taurus, Madrid 2012.
[37] Un somero resumen en Jan Martínez Ahrens, “La compañía que burló la intimidad de 50 millones de estadounidenses”, El País, 21 de marzo de 2018. Véase más información en https://elpais.com/tag/caso_cambridge_analytica/a . Un análisis detallado en Berit Anderson y Brett Horvath, “Inteligencia artificial al servicio de la propaganda política”, PAPELES de relaciones ecosociales y cambio global 138, Madrid 2017.
[38] Jordi Minguell, “Cómo hackear la democracia liberal mediante el marketing digital”, ctxt, 29 de octubre de 2018.
[39] B. Andrino y J.P. Colomé: “Nueve páginas difundían en Facebook bulos en favor del PP”, El País, 31 de octubre de 2019.
[40]
“El PP atribuyó los miles de euros invertidos a la iniciativa
individual de las personas implicadas, mientras Facebook se defendió
diciendo que ellos no juzgan el contenido de los anuncios de su
plataforma. Como reconoció el CEO de Facebook en la Cámara de
Representantes americana hace unas semanas, la red social no puede
garantizar que la publicidad de la plataforma incluya información
política falsa. De acuerdo con Zuckerberg, el filtrado de calidad de la
información no lo ha de ejercer la empresa, sino la libre confrontación
de ideas en democracia. Es un argumento problemático. Primero, porque
Facebook permite segmentar los anuncios a grupos de usuarios, lo que
reduce la capacidad del supuestamente abierto y libre debate democrático
de contrarrestar la información engañosa. Si mañana decido gastar mis
ahorros en mandar anuncios a los pensionistas residentes en las zonas
rurales de Castilla advirtiéndoles de un (falso) cambio en el sistema de
votación en el Senado, ¿qué garantías tenemos de que esa gente tendrá
acceso a información que desmienta mi publicidad y que desactive sus
previsibles consecuencias electorales? En segundo lugar, el modelo de
negocio de Facebook descansa en tenernos enganchados permanentemente a
la Red. Es por ello natural que privilegie la difusión de noticias
sorprendentes y llamativas, aunque incluyan mentiras y bulos (o
precisamente por ello). Difícil que la confrontación serena de ideas
prospere en ese contexto. Por último, Facebook actúa como un monopolio.
Si no nos gusta, no podemos irnos a la competencia. No existe…” José
Fernández Albertos, “Facebook y la democracia”, El País, 7 de noviembre de 2019.
[41]
“La propaganda moderna se da un festín con nosotros. La mentira pública
ha existido siempre. La novedad radica en que ahora podemos elegir qué
mentira contamos a una persona determinada, conociendo de antemano su
predisposición a creerla. Las campañas electorales se realizan hoy de
esta forma. En el siglo XX y antes, los grandes propagandistas al estilo
de Joseph Goebbels tenían que repetir una trola mil veces ante grandes
multitudes para convertirla en verdad; ahora es suficiente con decirla
una sola vez a la gente adecuada, quizá a una sola persona. Internet
permite susurrar la frase venenosa directamente al oído de quien la
espera. Además, no cuesta esfuerzo: puede hacerlo una máquina desde una
aldea balcánica. En España aún estamos aprendiendo, y campañas como la
de Vox tienen que copiar manuales extranjeros, mayormente el que llevó a
la presidencia a Donald Trump; de ahí que salgan con temas tan
intempestivos como el derecho a tener armas de fuego y a usarlas con
liberalidad. Pero ya iremos afinando. Es cuestión de tiempo”. Enric
González, “La decisión colectiva”, El País, 24 de marzo de 2019.
[42] Yuval Noah Harari, “Los cerebros ‘hackeados’ votan”, El País, 5 de enero de 2019.
[43] Citado por Asier Arias, Economía política del desastre, Catarata, Madrid 2018, p. 118.
[44]
Sucede además (apunta Ana Pérez Perales siguiendo a Marta Peirano) que
la propaganda, entendida como el uso éticamente dudoso de los medios de
comunicación para convencer al receptor de un determinado mensaje, se
combina a menudo con la desinformación, que consiste en la difusión
intencionada de contenidos falsos. Está comprobado que empresas de
marketing político y grupos de presión hacen circular bulos en las redes
y, en ocasiones, se sirven de bots para dar mayor tráfico a unas
noticias frente a otras, así como para privilegiar las reacciones de los
usuarios que las secundan –mediante likes, retuits, etc.–, de modo que
los demás vean las reacciones positivas de sus pares antes que las
críticas, lo que genera una mayor apertura hacia la información de que
se trate. Como sostiene Peirano, las personas que se encuentran con este
panorama en sus redes sociales “no lo leen como si fuera un contenido
diseñado a su medida por empresas de marketing y campañas políticas. La
mayoría ni siquiera sabe que Facebook puede publicar noticias falsas
como si fueran reales sin temer una demanda, cosa que un periódico no
puede hacer” (Marta Peirano, El enemigo conoce el sistema: manipulación de ideas, personas e influencias después de la economía de la atención, Penguin Random House, Barcelona 2019, p. 249). Pérez Perales incluye su cita en su TFG ¿Democracia 2.0? La participación política en la era del Big Data, Departamento de Filosofía de la Universidad Autónoma de Madrid, julio de 2020.
[45]
Facebook sabe desde hace años que su algoritmo de recomendación
polariza a los usuarios y los radicaliza (sobre todo hacia la
ultraderecha). Altos ejecutivos de la compañía han intentado (y
conseguido) que este problema no se solucione: lo explicaba Hugo Sáez a
partir de esta investigación publicada en The Wall Street Journal: Jeff Horwitz y Deepa Seetharaman, “Facebook executives shut down efforts to make the site less divisive”, 26 de mayo de 2020.
[46]
“Los gobiernos de hecho son clientes de esas compañías y usan sus
infraestructuras para controlar a la población, producir fake news o
perseguir a disidentes (…) Estas empresas contratan a cientos de genios
para componer un pedazo de código cuya función es mantenerte pegado al
móvil durante el mayor tiempo posible. La gente tiene que ser consciente
de que estas aplicaciones no son inocuas, están diseñadas literalmente
como máquinas tragaperras, para ser irresistibles, no porque ellos
quieran crear adictos, sino como consecuencia de su modelo de negocio,
que consiste en extraer datos.” Marta Peirano, “El 5G es una gran trampa para espiarnos, nos están engañando a todos”, El Confidencial, 12 de junio de 2019.
[47]
“Las autoridades chinas están uniendo tecnologías antiguas con otras de
vanguardia (escáneres telefónicos, cámaras de reconocimiento facial,
bases de datos de rostros y huellas dactilares y muchas otras) para
construir herramientas radicales idóneas para el control autoritario,
según la policía y las bases de datos privadas examinadas por The New York Times.
Una vez combinadas y completamente operativas, estas herramientas pueden
ayudar a la policía a identificar a las personas que caminan por la
calle, descubrir con quién se reúnen e identificar quién pertenece y
quién no pertenece al Partido Comunista. Estados Unidos y otros países
utilizan algunas de las mismas técnicas para rastrear a terroristas o
capos de la droga. Las ciudades chinas quieren usarlas para rastrear a
todos.” Paul Mozur y Aaron Krolik, “A surveillance net blankets China’s cities, giving police vast powers”, The New York Times, 17 de diciembre de 2019.
[48] https://twitter.com/Snowden/status/1207738431062892546
Véase también https://www.eldiario.es/theguardian/Minas-Republica-Democratica-Congo-tecnologicas_0_975002801.html
[49] https://twitter.com/Snowden/status/1209106194767454213
[50] Andy Meek, “Minnesota is now using contact tracing to track protestors, as demonstrations escalate”, bgr.com, 30 de mayo de 2020.
[51]
“Las técnicas de identificación biométrica, utilizadas de forma masiva
en China o Rusia con fines políticos, se han extendido a toda velocidad.
Scotland Yard lo certifica. Este año, la policía británica dio el
primer paso para usar cámaras de reconocimiento facial a partir del
banco de imágenes de los sospechosos más buscados. España no se queda
atrás. Ha desarrollado sistemas de inteligencia artificial en centros
comerciales, estaciones de transporte o casinos. Quienes controlan estos
artilugios aseguran que son capaces de leer los rostros de
delincuentes, desaparecidos o ludópatas. Un modelo similar podría
aplicarse a los estudiantes que estos días se enfrentan a exámenes en el
entorno virtual por las restricciones de la covid-19. La cuestión es
cómo hacerlo con las suficientes garantías para no lesionar su
privacidad y a la vez que las evaluaciones sean limpias, sin sombra de
sospecha ante la tentación de copiar o suplantar identidades. Realizar
pruebas orales por videoconferencia o mediante el uso de webcam y
micrófonos, y que sean grabadas para que el profesor pueda revisarlas y
el estudiante, en su caso, reclamar, son algunas de las soluciones
propuestas.” Rosario G. Gómez, “Vigilancia biométrica”, El País, 21 de mayo de 2020.
[52]
“Algunos argumentarios contra el manifiesto [“La necesidad de luchar
contra un mundo ‘virtual’. Contra la doctrina del shock digital”, ctxt,
3 de mayo de 2020] definen el mundo virtual como un campo de batalla
más en el que también hay que intentar ganar y nunca abandonar. ¿Un
campo de batalla propiedad del enemigo, con los algoritmos del enemigo y
con las reglas, la vigilancia y las policías del enemigo? ¿Un campo de
batalla en el que el dinero define la popularidad no solo individual,
sino también de las ideas? ¿Un campo de batalla en el que ni siquiera
los Estados tienen capacidad de legislar sobre las multinacionales de la
comunicación? Permitidme que dude que podamos ganar esa guerra.” Miguel
Ángel Conejos Montalar, “A la izquierda del PIB: una crítica al productivismo y una lanza rota en favor del ecologismo”, arainfo, 15 de mayo de 2020.
[53] Enrique Alonso, El nuevo Leviatán: una historia política de la Red, Díaz & Pons, Madrid 2015, p. 190. Véase también, del mismo autor, La quimera del usuario: resistencia y exclusión en la era digital, Abada, Madrid 2014.
[54] Nicholas Carr, La pesadilla tecnológica, Eds. El Salmón 2019, p. 19.
[55] Santiago Álvarez Cantalapiedra, “Capitalismo en la era digital”, PAPELES de relaciones ecosociales y cambio global 144, Madrid 2019, p. 7.
[56]
“Creo que lo resume bien la historia de mi amigo Alaa Abd El Fattah
(conocido en la red como @alaa). Bloguero egipcio y uno de los
principales activistas de la Primavera Árabe, acaba de volver a ser
encarcelado. Un régimen sustituyó a otro pero él sigue en prisión. Los
gobiernos y los poderosos, que no siempre están en los gobiernos, han
usado todas las herramientas en sus manos para encarcelar a muchos de
los nuevos paladines de la libertad en internet. Chelsea Manning, que
vuelve a estar encarcelada después de haber cumplido su sentencia, o la
extradición a Estados Unidos pendiente de Julian Assange son otros
ejemplos. En 2010 aún podían denunciarse estos encarcelamientos; hoy
quedan sepultados bajo una nube de basura electrónica”. Jaime García
Cantero; “EE UU y China necesitan los datos de los pobres para dominar
el mundo” (entrevista con R.A.), Retina 23, enero de 2020, p. 21-22. Ávila dirige la ONG Ciudadanía Inteligente, con sede en Santiago de Chile.
[57] A veces se añade también la N de Netflix.
[58]
Sigue Ávila: “Según una encuesta reciente, el 85% de los argentinos
accede a las noticias vía Facebook. Filtrar las noticias a un país
entero es un poder político descomunal (…). Los tratados de comercio
internacionales de los últimos veinte años hacen prácticamente imposible
poner freno a estos imperios. Intentar tomar medidas contra ellos puede
llevar al país entero a entrar en un conflicto internacional con
represalias en términos de aranceles, como estamos viendo con Trump. A
esto hay que sumar la imposibilidad de combatirlos judicialmente. Estos
gigantes tecnológicos no tienen oficinas en la gran mayoría de países
del mundo, y donde las tienen son cascarones, por lo que hay que ir a
litigar a California, donde nunca vas a ganar”.
[59]
Y sigue Renata Ávila: “Por eso ahora les espera una nueva batalla. La
mitad de la humanidad ya está conectada. Los gigantes de Silicon Valley y
sus homólogos chinos van a competir por llegar a la otra mitad. EE UU y
China necesitan los datos de los pobres para dominar el mundo. Cuanto
más se conecten, más vigilados estarán y más se va a precarizar su
trabajo. Los países donde viven carecen de todo tipo de regulación. (…)
En América Latina, el lugar más tecnificado es el barrio más humilde. En
lugar de dar a sus habitantes herramientas de educación y desarrollo,
se les vigila. El sector privado y el público invierten para controlar a
los más vulnerables. Cámaras para identificar, dispositivos y apps para
saber lo que hacen. Tecnología para monitorizar a los pobres. Ése es el
tipo de conexión que quieren darles. (…) EE UU y China necesitan los
datos de los pobres para dominar el mundo” (entrevista con Renata
Ávila), op. cit. En la entrevista, la jurista y activista por los
derechos civiles indica también: “Hace falta una soberanía digital, que
no debemos confundir con nacionalismo. Los Estados deben mantener el
control de las infraestructuras digitales clave. Hay que fortalecer las
capacidades locales para que los Estados tengan las herramientas
tecnológicas necesarias para garantizar la calidad de vida de sus
ciudadanos y el respeto a los derechos de estos. Se necesitan
regulaciones mucho más duras que la RGPD (Reglamento General de
Protección de Datos). Europa aún cree que va a alcanzar a EE UU y a
China en la carrera tecnológica, pero este tren ya lo ha perdido, debe
apostar por respuestas transversales colaborando con América Latina y
África. (…) . En las últimas elecciones en Guatemala se informaba
mediante una app de dónde debías votar. ¿Qué ocurre con los que no
tienen teléfono o no pueden pagarse un plan de datos? En México, los
avales de los candidatos se recogían solo por internet, lo que dejó
fuera de la carrera electoral a los candidatos indígenas. En Chile, los
inmigrantes no pueden tener acceso a los papeles para regularizar su
situación porque los formularios solo están disponibles online. Multitud
de idiomas indígenas desparecerán en el continente porque no existen en
el mundo digital. Sus hablantes quedarán silenciados. Hay una población
especialmente vulnerable que ha sido tradicionalmente excluida. Estamos
peleando para que no se conecte a los pobres a un internet de los
pobres…”
[60] Antonio Izquierdo Escribano, “Sociología del confinamiento”, Documentación social 5/ 2020.
[61] Término acuñado sobre todo por los análisis de Shoshana Zuboff.
[62] Adrián Almazán, “Green New Deal. Utopismo selectivo e ingenuidad ante las TIC”, ctxt, 4 de diciembre de 2019.
[63] José María Lassalle, “Emerge el rostro de una dictadura tecnológica”, El País, 5 de mayo de 2019. Ese texto es un extracto de su libro Ciberleviatán, el colapso de la democracia liberal frente a la revolución digital (ed. Arpa, 2019).
Se puede también atender a la reflexión de Antonio Muñoz Molina a
propósito de Edward Snowden: “Su adolescencia coincidió con la explosión
de Internet. La promesa de infinita libertad que vislumbró entonces la
ha visto transformada en una alianza monstruosa entre los Gobiernos del
mundo y las compañías tecnológicas: la invasión totalitaria de la
intimidad es al mismo tiempo un arma de poder político y una fuente de
beneficios sin límites para quienes comercian con ella. La misma empresa
entrañable que almacena y difunde las fotos de tu boda y te mantiene en
contacto con tus “amigos” digitales no tiene el menor escrúpulo en
garantizar, a un precio sin duda interesante, la vigilancia de los
súbditos de una tiranía. Ese móvil tan cool que no se te cae de las
manos te espía incluso cuando lo tienes apagado, y acumula y pone en
venta sin escrúpulo toda la información íntima y minuciosa que tú le
regalas. Gracias a Snowden, ya no hay manera decente de ignorar estas
cosas” (“El traidor, el héroe”, Babelia, 12 de octubre de 2019).
[64] Emilio Santiago Muíño, “Surrealismo, situacionistas, ciudad y gran aceleración. Por una psicogeografía del ahí en la era de la crisis ecológica”, manuscrito, primavera de 2020.
[65] David Spratt, “At 4°C of warming, would a billion people survive? What scientists say”, climatecodered.org, 18 de agosto de 2019.
[66] Yangyang Xu y Veerabhadran Ramanathan, “Well below 2 °C: Mitigation strategies for avoiding dangerous to catastrophic climate changes”, PNAS, 26 de septiembre de 2017.
[67] En mayo de 2019, Johan Rockström, director del Instituto Potsdam para la Investigación del Impacto Climático, dijo a The Guardian
que en un mundo 4°C más cálido “es difícil ver cómo podríamos acomodar a
mil millones de personas o incluso la mitad de eso… Habría una minoría
rica de personas que podría sobrevivir con estilos de vida modernos, sin
duda, pero será un mundo turbulento y conflictivo”. Rockström es uno de
los principales investigadores del mundo en tipping points (puntos de inflexión climáticos) y safe boundaries (“límites seguros” para la humanidad). Véase Gaia Vince, “The heat is on over the climate crisis. Only radical measures will work”, The Guardian, 18 de mayo de 2019.
En un encuentro científico internacional sobre cambio climático
realizado en Melbourne en noviembre de 2012 (en la antesala de la COP18
de Doha), algunos de los más relevantes investigadores del mundo
estimaron lo que podría pasar con un aumento de cuatro grados
centígrados o más (sobre las temperaturas preindustriales promedio).
Para Hans Joachim Schellnhuber (fundador y director del Instituto
Postdam para la Investigación del Impacto Climático –PIK- y director del
Consejo Asesor Alemán sobre el Cambio Climático –WBGU-), la capacidad
del planeta para albergar seres humanos en caso de una subida de cuatro
grados se reduciría a “menos de 1.000 millones de personas”.
Unos años antes el profesor Kevin Anderson (director del Centro Tyndall
para el Cambio Climático en Gran Bretaña) se dirigió a la prensa
durante la fallida conferencia de Copenhague, en 2009: “Para la
humanidad es cuestión de vida o muerte… [un aumento así] no conducirá a
la extinción del ser humano, ya que unos pocos afortunados, con los
recursos adecuados, podrán desplazarse a las partes apropiadas del
planeta y sobrevivir. Pero creo que es extremadamente improbable que
evitemos una mortandad masiva con cuatro grados de aumento”. En aquella
ocasión Anderson se atrevió a dar cifras: “Si en el año 2050 la
población mundial es de 9.000 millones y la temperatura se eleva 4, 5 o 6
grados, los supervivientes podrían ser del orden de 500 millones”. Si
echamos cuentas, eso es hablar de una mortandad de casi el 95%. Cf.
Miguel Artime, “Cuatro grados más o cómo decir adiós a casi el 95% de la humanidad”, blog Cuaderno de ciencias, 15 de noviembre de 2012.
[68] Bruno Latour, “La Modernidad está acabada”, entrevista en El Mundo, 19 de febrero de 2019.
[69]
Ese rechazo sigue en plena forma hoy: así, llama la atención la
ausencia de cualquier consideración sobre límites ecológico-sociales en
un libro por lo demás tan lúcido como La pesadilla tecnológica de Nicholas Carr, con su muy documentado análisis de tantos aspectos disfuncionales de la sociedad digital.
[70] Marta Peirano, “El 5G es una gran trampa para espiarnos, nos están engañando a todos”, El Confidencial, 12 de junio de 2019.
[71] Para la argumentación en contra: Alfredo Caro Maldonado, “Electrosensibilidad, 5G y el determinismo biológico como caballo de Troya”, Rebelión,
24 de julio de 2020. La tesis del autor es que el reduccionismo
biológico imperante lleva a mucha gente a buscar explicaciones
biofísicas a un sufrimiento que tiene otro origen. Escribe en otro
lugar: “Hay que defender la aplicación del principio de precaución de
manera integral sobre el 5G, pero no hay ninguna base sólida ni
biofísica ni mucho menos epidemiológica para que el argumento sea el
sanitario. La búsqueda reduccionista del elemento biofísico es pura
tecnociencia” (tuit del 25 de julio de 2020).
[72] Blanca Salinas Álvarez, “Enfermedades ambientales. Falta de rigor en el tratamiento de estas patologías”, El Ecologista
101, 2019. Vale la pena leer con atención la larga entrevista en tres
partes que Salvador López Arnal ha realizado a esta activista:
- Entrevista a Blanca Salinas Álvarez sobre la tecnología 5G (I).
“Para que esta tecnología funcione serán necesarias millones de nuevas
antenas y el lanzamiento de 20.000 satélites (previsión inicial)”. - Segunda parte, entrevista a Blanca Salinas Álvarez sobre la tecnología 5G (II). “La electrosensibilidad es una enfermedad ambiental emergente que padecen millones de personas en el mundo”.
- Tercera parte, entrevista a Blanca Salinas Álvarez sobre la tecnología 5G (y III):
“Para que una tecnología sea social y ambientalmente apropiada debería
no causar daño a las personas y a las restantes formas de vida: animales
y vegetales”.
[73]
“A lo largo de los últimos veinte años, se ha vuelto extremadamente
fuerte la evidencia de que los CEM (Campos Electro-Magnéticos) débiles
puede modificar los procesos biológicos en todo el rango de frecuencias,
desde ondas estáticas a milimétricas”. Frank Barnes y Ben Greenebaum
(2020). “Setting guidelines for electromagnetic exposures and research
needs.” Bioelectromagnetics. 20 de abril de 2020. DOI:
10.1002/bem.22267. Citado en la comparecencia de Timothy Schoechle ante
la Comisión Federal de Telecomunicaciones (Washington, 2 de junio de
2020), un documento que conviene leer con detalle: “Human Exposure to Radiofrequency Electromagnetic Fields—A Proposed Rule by the FCC”.
En un artículo titulado “Planetary electromagnetic pollution: it is time to assess its impact”, publicado en The Lancet
en diciembre de 2018, científicos del grupo de investigación
australiano ORSAA afirman que, de 2266 estudios sobre CEM, no menos del
68% encontró “significativos efectos biológicos o efectos para la
salud”.
Hemos de ser rigurosos, cierto, y señalar efectos biológicos no permite
dar ningún salto a enfermedades o salud pública… Pero tampoco faltan
indicios en ese sentido: Magda Havas, “Carcinogenic effects of Non- Ionizing Radiation: A paradigm shift”, JSM Environmental Science & Ecology,
8 de junio de 2017. Véase también este material de Miguel Ángel Solano
Vérez y Juan Sáiz Ipiña (del Grupo de Electromagnetismo de la
Universidad de Cantabria), Efectos biológicos del campo electromagnético.
[74] Arno Thielens y otros: “Exposure of insects to Radio Frequency Electromagnetic Fields from 2 to 120GHz”, Nature, 2 de marzo de 2028.
[75]
Los movimientos ecologistas defendemos el principio de precaución como
un principio ético-político básico. Si lo dejásemos caer en este asunto
estaríamos renunciando a él en general, y eso es inaceptable. Afecta al
meollo de nuestro trabajo en varios ámbitos. No estamos aseverando nada
que no sea razonable ni alejándonos de la ciencia. Pero en algunos
casos, “demostrar” en el sentido de vínculos causales indudables con
descripción de mecanismo es ir mucho más allá de lo que pide el
principio de precaución para actuar ahora. Podemos tener fuertes
indicios de que algo es dañino aun sin conocer todavía los mecanismos
detallados del daño (repásese la historia del amianto o de los
organoclorados, por favor…). De hecho, sabemos que en el pasado las
sociedades industriales casi nunca han errado por exceso de precaución,
sino por defecto.
[76] Muy importante al respecto el estudio de la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) Late Lessons from Early Warnings: the Precautionary Principle 1896-2000 (Environmental Issue Report 22, Copenhague 2001), que se tradujo luego al castellano: Lecciones tardías de alertas tempranas: el principio de precaución 1826-2000, Ministerio de Medio Ambiente, Madrid 2002. Aquí el resumen en español.
Analiza con rigor catorce casos (redactados por expertos y cubriendo
temas con riesgos para salud y medio ambiente para los que el principio
de precaución hubiera sido clave… pero no se hizo caso de las alertas
tempranas). Completado luego con el informe 1/ 2013: http://afigranca.org/docs/Lecciones-tardias-Resumen-2015-vivosano.pdf
[77] Está el asunto -enorme- de la “captura” de los cuerpos reguladores por parte de los vested interests. Atiéndase al reciente informe de dos eurodiputados (Klaus Buchner y Michèle Rivasi sobre ICNIRP: The International Commission on Non-Ionizing Radiation Protection: Conflicts of interest, corporate capture and the push for 5G, Bruselas, junio de 2020.
[78]
“Baste decir aquí que para tener los anchos de banda gigantescos que
tanto nos publicitan con el 5G se deben utilizar ondas electromagnéticas
de frecuencias bastante superiores a las usadas actualmente, con
longitudes de ondas milimétricas. La longitud de onda es un aspecto
importante, porque la capacidad de una onda electromagnética de
‘sortear’ un obstáculo depende de cómo de larga sea la onda. Las ondas
de radio convencional, con longitudes en el rango métrico pueden sortear
fácilmente un vano como una ventana o una puerta, en tanto las
microondas, con un rango centimétrico, se atenúan bastante si no hay una
visión relativamente directa entre el emisor y el receptor, y si ya
vamos al rango de la luz visible (escalas por debajo de la micra o
milésima de milímetro) la energía está tan focalizada que coexisten una
al lado de otra zonas iluminadas con zonas de sombra, simplemente
dependiendo de por dónde y en qué dirección está pasando la luz. Se
estima que con la tecnología 5G, usando las bandas de mayor frecuencia
(y por tanto de mayor ancho de banda para transmitir datos más
rápidamente) para poder tener una buena calidad de enlace
receptor-emisor el número de antenas se tendría que multiplicar por
cinco con respecto al estándar actual 4G. Además, en zonas de interiores
se tendrían que disponer estratégicamente repetidores para poder
mejorar la cobertura interior, ya que cada obstáculo (pared, puerta,
etc) atenuaría mucho la señal. Con estos planteamientos, se ve claro que
el 5G es una idea megalomaníaca que sólo tiene sentido bajo la
suposición de que el mundo tiene recursos ilimitados y que podremos
tapizarlo con antenas todo el mundo para poder transmitir en 1’2
segundos la última película de moda.” Antonio Turiel, “Uno por uno”, blog The Oil Crash, 29 de noviembre de 2019.
El científico del CSIC concluye su texto de esta manera: “Al final del
día, la cuestión con respecto a las TIC es bastante sencilla: ¿cuál va
ser la demanda real de esta tecnología, cuando todo lo demás falle,
cuando en el mundo haya necesidades más apremiantes y acuciantes como es
tener alimentos y agua potable en primer lugar, y por seguir tener
trabajo, techo, educación, sanidad…? Lo más probable es que las TIC sean
de las primeras tecnologías en sufrir el descenso al que estamos
abocados, y que lo harán de manera más aguda. Ésa es por tanto la gran
perversión de esta variante del mito del progreso, del Homo invencibile.
No vamos a la hiperrobotización, ni a la Singularidad. A pesar de
tantas exageraciones e hipérboles que vemos en los medios, a donde
realmente vamos es hacia la decadencia de las TIC.
La verdadera razón por la cual se ha puesto tanto el foco en las TIC
durante los últimos años es porque constituyen el único nicho en el cual
el desarrollo tecnológico de la Humanidad ha hecho progresos reales y
significativos durante las últimas décadas. No hemos colonizado la Luna,
ni mucho menos Marte. No estamos avanzando en la exploración espacial.
No tenemos una electricidad ‘demasiado barata para ser medida’, como se
prometían los primeros proponentes de la energía nuclear. No hay coches
voladores ni alimentos sintéticos que se produzcan apretando un botón.
No hay nada de todos esos sueños tecnológicos de mediados del siglo
pasado. Lo único que ha seguido progresando porque sí tenía margen para
progresar mientras la cantidad de recursos y de energía que implicaba
era moderada ha sido las TIC. Eso explica ese énfasis de denominar a las
TIC ‘nuevas tecnologías’, cuando en realidad son tecnologías que tienen
décadas de desarrollo. Se enfatiza que son ‘nuevas’ porque son las
únicas que realmente progresan, pero llevamos trabajando seriamente con
las TIC más de cincuenta años. No son nuevas: simplemente, son las
únicas que están vivas. Aún”.
[79] Langdon Winner, La ballena y el reactor, Gedisa, Barcelona 1987, p. 26.
[80] “En su Historia de Inglaterra bajo la casa Tudor
(1759), el filósofo escocés David Hume realiza un fino e irónico
comentario sobre Enrique VII. Hume nos habla de los problemas de Enrique
VII para justificar, ante sí mismo y ante su pueblo, su derecho a
conservar la corona como rey de Inglaterra, condición que había
alcanzado irregularmente en el campo de batalla. Desde luego no podía
argüir derechos de sangre dado que otros podrían pretender su cetro con
tantas o más razones que Enrique. Tampoco había obtenido aún la sanción
eclesiástica del Pontífice en Roma. También desechó esgrimir los hechos
mismos, apelando al derecho otorgado por la fuerza de las armas. Otros
podrían volver sus armas contra él razonando del mismo modo. Por fin
obtuvo lo que andaba buscando: un argumento infalible. (…) El argumento
era bien simple: la mejor razón para conservar la corona, y continuar
siendo rey de Inglaterra, era que ya la poseía. Ser rey, así, implica
seguir siéndolo. El fundador de la dinastía Tudor acabó, según Hume,
siendo un buen monarca. Sin embargo su razonamiento, aunque obtuvo el
efecto esperado, era defectuoso. Enrique VII cometió inadvertidamente la
falacia naturalista: pasar del ‘es’ al ‘debe’, concluir ‘así debe ser’ a
partir del ‘así es’. De un modo análogo a la historia, la tecnología
contemporánea no es demasiado respetuosa con la lógica. De hecho, el
ejemplo de las tecnologías atrincheradas, es decir, aquellas tecnologías
profundamente arraigadas en nuestro tejido socioeconómico y nuestras
formas de vida, es estrictamente similar al de Enrique VII. El mejor
–aunque defectuoso– argumento con que parecen contar ciertas tecnologías
para seguir entre nosotros es que ya se hallan entre nosotros y,
además, es extremadamente difícil su erradicación. En esta categoría se
encuadran algunas tecnologías naturales y sociales bien conocidas, como
la televisión, la energía nuclear, una organización sanitaria casi
exclusivamente asistencial y un sistema de transporte edificado sobre el
vehículo personal privado, entre otras. (…) De este modo parecen
escapar a nuestra capacidad de elección y control. Sin embargo, una
evaluación temprana y la monitorización del desarrollo de nuevas
tecnologías, así como la promoción de la participación pública en tal
control, pueden contribuir a prevenir ese atrincheramiento y sus efectos
negativos. Constituye un buen antídoto contra el ‘sonambulismo
tecnológico’, en la afortunada expresión de Langdon Winner.” Marta I.
González García/ José A. López Cerezo/ José Luis Luján López: Ciencia, tecnología y sociedad. Tecnos, Madrid 1996, p. 23.
[81] Neil Postman, Tecnópolis, Eds. El Salmón, 2018, p. 24. (La edición original de este importante libro es de 1992.)
[82] Antonio Diéguez, “Tres tópicos sobre la tecnología que conviene revisar”, The Conversation,
20 de junio de 2020. Señala también el catedrático de la Universidad de
Málaga: “Un país puede optar por desarrollar energía nuclear o
renovable. Cualquiera de las opciones tiene consecuencias diferentes. La
energía nuclear exige un control político y técnico centralizado (una
central no puede ponerse en manos de un ayuntamiento), algo que no
exigen las renovables. Podrían multiplicarse los ejemplos (robots
sexuales, armas autónomas, algoritmos para seleccionar empleados). Si a
ello añadimos que los centros de poder tienen también sus preferencias a
la hora de disponer de sus artefactos, es fácil ver que la neutralidad
de la técnica solo se cumple en los niveles más básicos; en los del
martillo”.
[83] Evgeny Morozov, “La Red nunca fue un paraíso”, El País, 5 de mayo de 2019.
[84]
Así, por ejemplo, en Gran Bretaña durante el verano de 2020. La
pandemia de coronavirus hizo cancelar los exámenes de selectividad
(A-Level), y la Oficina de Regulación de Calificaciones y Exámenes
(OFQUAL por sus siglas en inglés) fijó un algoritmo para determinar las
notas de los estudiantes basado en ciertas estadísticas. Pero, como
sucede en tantos casos, en el juego de la supuesta meritocracia los
dados estaban cargados: “Ese algoritmo acabó rebajando al menos en un
40% de los casos las evaluaciones de los profesores porque en el cálculo
pesaba menos el historial individual de cada estudiante y el juicio de
sus docentes que otros factores externos, como la calidad del centro
educativo. Es decir, que ninguneaba a los estudiantes brillantes de
escuelas con un currículo de bajo rendimiento. Los de menores recursos”
(Patricia Tubella, “Los estudiantes derrotan al algoritmo de Johnson”, El País, 19 de agosto de 2020). La intensa movilización de los estudiantes británicos forzó al Gobierno a retirar el injusto algoritmo.
[85] Neil Postman, Tecnópolis, Eds. El Salmón 2018, p. 157. (La edición original de este libro clave es de 1992.)
[86] Isabelle Stengers, Au temps des catastrophes, La Découverte, París 2009, p. 45.
[87]
“El territorio y la geografía, lejos de perder relevancia, adquieren
una centralidad inusitada en el capitalismo digital. No hay
desterritorialización ni inmaterialidad alguna en la economía política
de los datos. El mundo digital requiere una infraestructura de cables,
servidores, antenas y soportes de todo tipo que muestran que ningún
software funciona sin hardware. Su funcionamiento se alimenta con un
gasto de energía cada vez mayor. El sector de las tecnologías de la
información es uno de los que más devastación está provocando en el
medioambiente, convirtiéndose en una fuente inagotable de conflictos
ecosociales. La población que sufre en mayor medida este deterioro
ecológico y social es la más pobre a escala global. La fabricación de
los diferentes componentes y soportes tecnológicos ha propiciado un
extractivismo minero fuertemente cruento, sobre todo en África, en el
mismo lugar en que Conrad se inspiró al escribir El corazón de las tinieblas.
Detrás de la fabricación de los ‘teléfonos inteligentes’ se han montado
extensas redes de trabajo en régimen de semiesclavitud y los residuos
que generan los dispositivos se acumulan en vertederos tóxicos donde
familias pobres tratan de sobrevivir reaprovechando lo que deshecha el
despilfarro del consumismo tecnológico. Demasiada desigualdad,
explotación, mercantilización y alienación, concentración del poder y
devastación social y ecológica asociada a la economía digital como para
pensar que su desarrollo nos ha acercado mínimamente a un horizonte
poscapitalista. No son las tecnologías las que determinan la evolución
del orden social, sino al revés. El capitalismo digital ofrece más de lo
mismo, cuando no peor”. Santiago Álvarez Cantalapiedra, “Capitalismo en la era digital”, PAPELES de relaciones ecosociales y cambio global 144, Madrid 2019, p. 10.
[88] Ramón Muñoz, “Vodafone estrena el sábado el 5G en España con la red de Huawei”, El País, 11 de junio de 2019.
[89] Ramón Muñoz, “El mundo que nos espera con el 5G”, El País, 9 de junio de 2019.
[90] Entre nosotros, de manera muy destacada, José Manuel Naredo: véanse sus libros Economía, poder y política. Crisis y cambio de paradigma (Díaz & Pons, Madrid 2013) y Diálogos sobre el oikos. Entre las ruinas de la economía y la política (Clave Intelectual, Madrid 2017).
Ay, esto viene de tan lejos… Por ejemplo (entre decenas de ejemplos
posibles), en 1979 Jean Dorst escribía: “En adelante, cada una de las
acciones humanas debe ser la transcripción de una filosofía inédita, ya
que sin su apoyo los hombres de Estado y los políticos jamás seguirán
una línea de conducta conforme con las realidades de la biosfera y, por
otra parte, jamás los ciudadanos obedecerán unos reglamentos molestos,
aceptando mucho menos un cambio radical en su economía. Unos tanto como
otros han de modificar en primer lugar su concepción más profunda acerca
de las relaciones entre el hombre y la naturaleza en su plano más
elevado…” (Jean Dorst, La fuerza de lo viviente, FCE, México DF 1983, p. 222). Sí, los años setenta eran un buen momento para haber cambiado de cosmovisión…
[91] Tomemos la idea de una religión de los datos de Yuval Noah Harari (Homo deus,
Debate, Barcelona 2016, capítulo 11), quien enfatiza los siguientes
tres procesos interconectados que supuestamente definirán nuestro
futuro: “1. La ciencia converge en un dogma universal, que afirma que
los organismos son algoritmos y que la vida es procesamiento de datos.
2. La inteligencia se desconecta de la conciencia. 3. Algoritmos no
conscientes pero inteligentísimos pronto podrían conocernos mejor que
nosotros mismos” (p. 431). El gran punto ciego de toda la reflexión de
Harari –que también caracteriza a la ideología dominante en nuestras
sociedades- es su completo desconocimiento de los problemas de límites
biofísicos…
[92] Véase Ugo Bardi, Los límites del crecimiento retomados, Catarata, Madrid 2014. Ramón Fernández Durán y Luis González Reyes, En la espiral de la energía, Libros en Acción/ Baladre, Madrid 2018. Jem Bendell, Deep Adaptation, IFLAS Occasional Paper 2 en www.iflas.info , 27 de julio de 2018 (véase también http://rebelion.org/noticia.php?id=264643 ). Nafeez Mosaddeq Ahmed: Estados inviables, sistemas en colapso. Desencadenantes biofísicos de la violencia política. Editorial RELEE – Red libre Ediciones, Madrid 2019.
[93] Nafeez Ahmed, “Theoretical physicists say 90% chance of societal collapse within several decades.
Deforestation and rampant resource use is likely to trigger the
‘irreversible collapse’ of human civilization unless we rapidly change
course”, Vice, 28 de julio de 2020. Se basa en un paper de Gerardo Aquino y Mauro Bologna (especialistas en sistemas complejos) publicado en Nature Scientific Reports en mayo de 2020: “Deforestation and world population sustainability: a quantitative analysis”, 6 de mayo de 2020.
[94] Yorgos Kallis, “La necesidad del decrecimiento en tiempos de pandemia”, eldiario.es, 26 de mayo de 2020.
[95] Jorge Riechmann, Gente que no quiere viajar a Marte. Ensayos sobre ecología, ética y autolimitación, Catarata, Madrid 2004, p. 179-194.
[96]
“Para poner un poco en perspectiva la situación política en la que nos
encontramos… Hace solo veinte o treinta años la implantación de algo
como el 5G hubiese provocado una contestación muy considerable Hoy, si
hay protestas, es para que lo desplieguen más rápido…” https://twitter.com/lacaiguda/status/1166464511320215553
[97] Esto me ocurrió personalmente tras la publicación de nuestro artículo-manifiesto “La necesidad de luchar contra un mundo ‘virtual’. Contra la doctrina del shock digital” en la revista digital ctxt,
el 3 de mayo de 2020. Arreciaron en Twitter los ataques desde sectores,
en principio, políticamente cercanos: “Qué pena y qué cabreo ver a mi
hasta hace poco admirado Jorge Riechmann y a tantos otros compañeros de
luchas y pensamiento enfundarse el gorrito de papel albal”, se lamentaba
uno; otro conjeturaba que se trataría de un “brote abrupto de
lumpen-leninismo pachamamista, fruto de la ansiedad del momento y sus
ilusorias ventanas de oportunidad”; un tercero reprochaba “primitivismo
magufo”… Etc, etc.
[98] El País, 2 de enero de 2020.
[99] Véase por ejemplo Joaquín Estefanía, “Recuperación o metamorfosis”, El País, 26 de julio de 2020.
[100] “Digitalización hipotecada”, editorial de El País, 27 de agosto de 2020.
[101] Luis González Reyes, “Incendios
en Australia, tormenta DANA, covid-19 y crisis económica. ¿Qué nos
dicen cuatro sucesos extremadamente raros en pocos meses?”, Público, 27 de mayo de 2020.
[102]
Ronald Wright: “Las mismas causas de la prosperidad de las sociedades
en el corto plazo, especialmente nuevas formas de explotar el medio
ambiente como la invención de la irrigación, conducen al desastre en el
largo plazo debido a complicaciones que no se pudieron prever. A esto lo
llamo «la trampa del progreso» en el libro Breve historia del
progreso.” Citado por Chris Hedges, “El mito del progreso humano”, Rebelión, 19 de enero de 2013.
[103]
¿Cómo pensar esta cuestión? Por ejemplo, de la mano de Richard
Heinberg: “Hemos apostado todo nuestro futuro a la electricidad y la
electrónica. Las comunicaciones, el procesamiento y almacenamiento de
información se han digitalizado. Eso significa que si la Red se cae
hemos perdido la civilización por completo. No creo que podamos mantener
las redes mundiales a escala actual sin combustibles fósiles, pero
puedo imaginar la posibilidad de un proceso de retroalimentación
mediante el cual, a medida que el consumo de población y recursos se
reduce, el mundo digital también lo hace, hasta que sea lo
suficientemente pequeño como para ser alimentado por electricidad
renovable generada con un daño ambiental mínimo y aceptable…” Heinberg
citado por Demián Morassi en “Planet of the Humans: renovables a debate (y la película también)”, revista 15/1515, 29 de mayo de 2020.
[104] George Orwell, El camino de Wigan Pier, Destino, Barcelona 1976, p. 208.
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