Kane Parsons redefine el horror contemporáneo en Backrooms

En su debut como director de largometrajes con Backrooms, el joven cineasta de veinte años Kane Parsons demuestra una madurez inusual al resistirse a los imperativos del cine comercial más complaciente. Con el respaldo de la productora A24 y un guion firmado por Will Soodik, Parsons expande el universo que él mismo creó en YouTube, transformando un fenómeno viral de internet en un laberinto gótico y contemporáneo de proporciones infinitas. De hecho, la película se niega a guiar al espectador de la mano por sus pasillos, prefiriendo sumergirlo directamente en un abismo de tensión y extrañeza.

El relato se ambienta a principios de la década de los noventa y sigue los pasos de Clark, interpretado de manera magistral por Chiwetel Ejiofor como un arquitecto fracasado, alcohólico y consumido por el resentimiento. Para sobrevivir, este hombre administra una deprimente tienda de muebles de descuento llamada Cap’n Clark’s Ottoman Empire, un espacio atrapado en una estética grisácea donde incluso se ve obligado a dormir por las noches. Así que el escenario de su cotidianidad ya es, en sí mismo, una simulación incómoda de lo doméstico, un simulacro de hogar que anticipa la pesadilla venidera. El quiebre definitivo ocurre en el sótano del establecimiento, donde Clark descubre una sección de la pared sobrenaturalmente porosa que le permite cruzar hacia otra dimensión.

Detrás de ese muro se despliega el Complejo, una red interminable de habitaciones ocultas, vacías y bañadas por una luz fluorescente y monocroma que evoca el horror liminal, es decir, el desasosiego que provocan los espacios de transición despojados de su función humana. Parsons decide arrancar la experiencia desde la hostilidad absoluta en lugar de permitir que la audiencia se maraville ante el asombro del descubrimiento físico. Por lo tanto, el tono siniestro se establece de inmediato, convirtiendo los muros amarillentos y mohosos en una entidad casi viva que parece respirar y acechar a quienes caminan entre ellos. La película nos advierte rápidamente que entrar en este no-lugar es sencillo, pero encontrar la salida representa una tarea prácticamente imposible.

A la búsqueda de Clark se une Mary, una terapeuta dulce y melancólica encarnada por Renate Reinsve, quien arrastra sus propios traumas infantiles vinculados a una madre abusiva. Mientras tanto, la dinámica entre los personajes se tiñe de una antipatía inusual para el género, puesto que Clark es un ser profundamente amargado y difícil de empatizar para el público masivo. No obstante, esta elección narrativa opera a favor de la atmósfera sofocante del filme, demostrando que el Complejo es un entorno democrático en su crueldad que no discrimina virtudes ni defectos. Cualquiera puede convertirse en la presa de este vacío arquitectónico, un recordatorio de que la fatalidad no atiende a redenciones ni a arcos dramáticos tradicionales.

Buscamos escritores

¿Tienes un manuscrito? En Editorial Bloghemia te acompañamos desde la edición hasta la distribución.

Me interesa →

Desde el punto de vista visual, el diseño de producción es un triunfo rotundo que combina imponentes decorados físicos con secuencias digitales diseñadas en el software de modelado tridimensional Blender. Parsons utiliza estas transiciones virtuales de forma inteligente para anclar el horror en una textura shot-on-video, propia de las filmaciones caseras en cinta magnética de los años noventa. Al mismo tiempo, este acabado estético aporta un realismo sucio que difumina la frontera entre nuestra realidad cotidiana y la abstracción geométrica del laberinto. El resultado es un lenguaje visual que oscila constantemente entre lo familiar y lo terrorífico, utilizando ángulos de cámara precisos para construir imágenes que atrapan y asfixian por igual.

La obra consigue dialogar simultáneamente con dos tipos de público muy distintos: los devotos de la mitología original de internet y los neófitos que entran limpios a la experiencia. Para los primeros, existen conexiones intrínsecas con la burocracia tecnológica de la corporación Async Research Institute y los fenómenos de alteración física conocidos por los fanáticos. En cambio, para los recién llegados, la propuesta ofrece un enigma psicológico fascinante sobre cómo un confinamiento de esta naturaleza altera permanentemente la psique y la memoria de un individuo. Así que la película se transforma en una meditación sobre el aislamiento moderno, utilizando la ciencia ficción y el horror conceptual como vehículos de exploración interior.

Es muy probable que la gestión de las respuestas dentro de la trama se convierta en el aspecto más divisivo para la recepción crítica de la obra. Parsons esquiva deliberadamente las explicaciones arbitrarias y prefiere mantener una ambigüedad que exige al espectador una entrega absoluta hacia lo desconocido. En una era cinematográfica donde el consumo fácil parece haber domesticado nuestra capacidad de asombro, Backrooms se planta como un desafío que respeta la inteligencia de quien mira. Aquellos huecos en la información no deben entenderse como fallas de guion, sino como sutiles detalles diseñados para ser descubiertos y procesados mucho después de que se apaguen las luces de la sala.

COMPARTIR ARTÍCULO:

Boletín Cultural

Recibe lo mejor de Bloghemia

Introduce tu correo electrónico para recibir semanalmente nuestra selección de artículos destacados.

Membresía

Accede a nuestro contenido exclusivo

Suscribite para recibir nuestra revista, artículos exclusivos y ediciones especiales de libros.

Ver planes
Síguenos en nuestros canales

Seguinos en nuestras redes y canales para recibir noticias y actualizaciones al instante.

El honor de investigar Después del Edén Para Encontrarte Secretos a los 13
Editorial Bloghemia

Publica tu libro con calidad y acompañamiento editorial / Servicios editoriales a tu medida

Solicitar Información
Colaboraciones

Publica un artículo en Bloghemia

¿Tienes una historia o análisis que compartir? Envíanos tu propuesta y colabora con nuestra plataforma.

Me interesa
José Daniel Figuera

José Daniel Figuera

José Daniel Figuera es escritor, profesor universitario y especialista en Literatura y Tecnología Educativa. Su obra se centra en la narrativa breve, y es autor del libro Holística y otros relatos. Actualmente se desempeña como director de la Editorial Bloghemia, desde donde promueve el talento emergente en la literatura hispanohablante, apostando por voces frescas y propuestas innovadoras.