150 reflexiones de Albert Camus sobre la vida

Hoy en Bloghemia, les traemos una recopilación de Albert Camus, escritor y filósofo francés nacido en Argelia en 1913. Su obra le valió el Premio Nobel de Literatura en 1957, destacando por su análisis de la condición humana frente al absurdo y su compromiso con la libertad durante la Resistencia francesa.

Su legado se basa en una ética de la resistencia y la solidaridad, centrada en la justicia y el valor de la vida individual frente a los totalitarismos. A través de novelas como La peste o ensayos como El mito de Sísifo, Camus planteó que, ante un mundo difícil, la respuesta del hombre debe ser la integridad y la búsqueda de la felicidad.

A continuación, les dejamos los fragmentos recogidos de sus anotaciones, sus diarios, novelas y ensayos.

La mort heureuse (La muerte feliz)

— En medio de la plenitud del aire y la fertilidad del cielo, parecía que la única tarea de los hombres era vivir y ser felices.
— El interés por la libertad y la independencia solo son concebibles en un ser que aún conserva la esperanza.
— Aceptaría […] ciego, mudo, todo lo que quieran, con tal de sentir en mis entrañas esa llama oscura y ardiente que es mi yo y mi yo vivo.
— Y ya no soñaría en otra cosa que en agradecer a la vida que me hubiera permitido seguir ardiendo.
— Cuando observo mi vida y su secreto color […] descubro que es a un tiempo la lluvia y el sol, el mediodía y la medianoche.
— Frente a todo lo que de elemental y de noble hay en el mundo, confunde su vida y su deseo de vivir, y su esperanza se funde con el movimiento de las estrellas.
— Siempre nos equivocamos dos veces con los seres queridos, primero a su favor y luego en su contra.
— El error […] consiste en creer […] que existen condiciones para la felicidad.
— Lo único que importa es la voluntad de ser feliz.
— No se vive más o menos tiempo feliz. Uno es feliz y punto, no hay más. Y la muerte no impide nada (en este caso, es un accidente de la felicidad).
— La felicidad está próxima a las lágrimas […] en la silenciosa exaltación donde se entretejen la esperanza y la desesperación de una vida humana.

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Lettre à un ami allemand (Carta a un amigo alemán)

— Quisiera poder amar a mi país amando a un tiempo la justicia. No quiero para él ninguna forma de grandeza, ni la de la sangre ni la de la mentira.
— ¿Qué es un hombre? […] Es esa fuerza que siempre termina derrocando a los tiranos y a los dioses.
— El hombre debe afirmar la justicia para luchar contra la eterna injusticia, crear la felicidad para protestar contra el universo de la desdicha.
— Sigo creyendo que este mundo no posee un sentido superior. Pero sé que algo en él posee sentido y es el hombre, porque él es el único ser que exige que lo tenga.
— En eso consiste nuestra fuerza, en pensar en la profundidad del mundo, pero al mismo tiempo haber salvado la idea del hombre al final de este desastre de la inteligencia.

Défense de la liberté (Defensa de la libertad)

— La democracia, si es consecuente, no puede beneficiarse de las ventajas del totalitarismo.
— La prisión es un suplicio cotidiano que nadie tiene derecho a infligir a un ser vivo en nombre tan solo de una opinión o de una concepción del mundo.

Création et liberté (Creación y libertad)

— Solo la servidumbre es solitaria, incluso cuando se escuda en mil bocas para ovacionar al poder.

Le pain et la liberté (El pan y la libertad)

— Si la libertad no hubiera tenido más que a los gobiernos para velar por su progreso, es probable que aún se hallara en su infancia.
— Si hoy se humilla o se encadena a la libertad, no es porque sus enemigos hayan recurrido a la traición. […] Sí, la libertad está viuda, pero reconozcámoslo, está viuda de todos nosotros.
— Escogimos la libertad al mismo tiempo que la justicia y, en realidad, en adelante ya no podemos escoger a una sin escoger a la otra.
— Si alguien os niega el pan aniquila al mismo tiempo vuestra libertad.
— Si algo nos ha enseñado este siglo implacable es que la revolución económica será libre o no será nada.
— Los oprimidos no solo quieren ser liberados de su hambre, también quieren ser liberados de sus dueños.
— Separar la libertad de la justicia equivale a separar la cultura y el trabajo, lo cual constituye el pecado social por excelencia.
— Pero la libertad no está hecha en primer lugar de privilegios, está hecha sobre todo de deberes.
— Toda persona que humilla el trabajo humilla la inteligencia, y a la inversa.
— La libertad no es un regalo que nos dé un Estado o un jefe, sino un bien que se conquista todos los días, con el esfuerzo de cada individuo y la unión de todos ellos.

L’artiste et son temps (El artista y su tiempo)

— Sin la cultura, y la relativa libertad que ella supone, la sociedad, por perfecta que sea, no es más que una jungla.
— Las tiranías de hoy se han perfeccionado: ya no admiten el silencio, ni la neutralidad.
— Hay que pronunciarse, estar a favor o en contra. Pues bien, en ese caso, yo estoy en contra.
— Como artistas tal vez no tengamos necesidad de intervenir en los acontecimientos de nuestro siglo. Pero como hombres sí.
— No puedo evitar inclinarme hacia el lado de lo cotidiano, hacia el lado de aquellos, tanto da quiénes sean, a los que se humilla y se degrada.

Réflexions sur la guillotine (Reflexiones sobre la guillotina)

— Cuando el silencio o los trucos verbales contribuyen a sostener un abuso que debe rectificarse, no existe otra solución que hablar claro.
— Existe una solidaridad de todos los hombres en el error y en el extravío.
— La compasión […] no excluye el castigo, sino que suspende la condena definitiva. Le repugna la medida definitiva, irreversible.
— Prohibir que se mate a un hombre sería proclamar públicamente que ni la sociedad ni el Estado son valores absolutos.
— Ni en el corazón de los individuos ni en las costumbres de las sociedades habrá una paz duradera mientras la muerte no quede fuera de la ley.

Discours de Suède (Discurso de Suecia)

— El arte es un medio de conmover a la mayoría de los hombres al ofrecerles una imagen privilegiada de los sufrimientos y las alegrías comunes.
— La nobleza de nuestro oficio siempre tendrá sus raíces en el rechazo a mentir sobre lo que sabemos y la resistencia a la opresión.
— Jamás he podido renunciar a la luz, a la alegría de existir, a la vida libre del lugar donde crecí.

Conférence du 14 décembre 1957

— Estamos en alta mar. El artista, como cualquiera, también debe remar, a ser posible sin desfallecer, es decir, viviendo y creando.
— La cuestión es saber cómo […] sigue siendo posible la extraña libertad de la creación.
— [El artista] traduce los sufrimientos y la dicha de todos al lenguaje de todos.
— La recompensa de la fidelidad absoluta a la realidad será la comunicación absoluta entre los hombres.
— Los sueños varían con cada hombre, pero la realidad del mundo es nuestra patria común.
— El arte, en cierto sentido, es una rebelión contra aquello que de fugaz e incompleto tiene el mundo.
— Ese secreto de la vida coincide con el del arte.
— Tal vez alcancemos la grandeza del arte en esa perpetua tensión entre la belleza y el dolor.
— Las grandes ideas, según dicen, llegan al mundo en forma de paloma.

L’artiste en prison (El artista en prisión)

— ¿Qué mayor conquista cabe imaginar que la del hombre capaz de elevarse por encima de la miseria gracias a la felicidad?

L’Homme révolté (El hombre rebelde)

— Existe un dios, efectivamente, que es el mundo. Para participar de su divinidad basta con decir sí.
— El hombre que se rebela no reclama la vida sino las razones de la vida. […] Luchar contra la muerte equivale a reivindicicar el sentido de la vida.
— La afirmación de una limitación, de una dignidad y de una belleza comunes a los hombres tan solo implica la necesidad de extender estos valores a todos y a todo.
— Este arte consiste en escoger a la criatura contra su creador […] se alía con la belleza del mundo contra las fuerzas de la muerte y del olvido.
— Es posible rechazar toda la historia y tomar no obstante el mundo de las estrellas y del mar.
— Sin duda, la belleza no hace las revoluciones. Pero siempre llega el día en que las revoluciones la necesitan.
— Al defender la belleza, preparamos ese día de renacimiento en que la civilización pondrá en el centro de su reflexión esa virtud viva que funda la común dignidad.
— Una revolución solo merece que muramos por ella si nos asegura la supresión inmediata de la pena de muerte.
— En el corazón de la noche europea, el pensamiento solar, la civilización de doble rostro, aguarda su aurora.
— Nosotros escogeremos Ítaca, la tierra fiel, el pensamiento audaz y frugal, la acción lúcida, la generosidad del hombre que sabe.
— Y entonces nacerá la alegría extraña que ayuda a vivir y a morir, y que en adelante nos negaremos a aplazar.
— La verdadera generosidad con el porvenir consiste en darlo todo en el presente.

La chute (La caída)

— Me hablaron de un hombre a cuyo amigo lo habían encarcelado y que se acostaba todas las noches en el suelo de su habitación para no disfrutar de una comodidad de la que habían privado a ese hombre al que tanto quería. […] Sí, un día todos nosotros seremos capaces de hacer algo así, y ese día habrá llegado la salvación.

La peste (La peste)

— El gran deseo de un corazón inquieto es poseer interminablemente al ser al que ama.
— Al comienzo, cuando creían que era una enfermedad cualquiera, la religión ocupaba su sitio. Pero cuando vieron que era seria, entonces se acordaron de los placeres.
— Creía estar en el camino de la verdad, al luchar contra la creación tal como era.
— —Pero sus victorias siempre serán provisionales… —Siempre, ya lo sé. Pero esa no es una razón para dejar de luchar.
— Eso coloca […] al heroísmo en el lugar secundario que le corresponde, justo por detrás de la generosa exigencia de felicidad.
— Ahora ya sé que el hombre es capaz de grandes actos. Pero si no es capaz de un gran sentimiento no me interesa.
— El hábito de la desesperación es peor que la desesperación misma.
— No lo avergonzaba preferir la felicidad. —Sí […], pero tal vez sea vergonozoso ser feliz en solitario.
— En esta tierra hay plagas y víctimas y, en la medida de lo posible, hay que negarse a estar con la plaga.
— Le preguntó si tenía alguna idea del camino que había que tomar para alcanzar la paz. —Sí, la simpatía.
— Me siento más solidario con los vencidos que con los santos. Lo que me interesa es ser un hombre.
— Un hombre debe luchar por las víctimas. Pero, si ya no ama nada, ¿de qué sirve que luche?
— Siempre llega la hora en la que nos cansamos de las cárceles, del trabajo y del coraje y reclamamos el rostro de un ser querido y el corazón maravillado de la ternura.
— Para convertirse en santo hay que vivir. Luchad.
— Era consciente de cuán estéril es una vida sin ilusiones. No existe paz sin esperanza.
— Si existe algo que es posible desear siempre, y obtener a veces, es la ternura humana.
— En el hombre hay más cosas admirables que despreciables.

L’Été (El verano)

— Siempre he tenido la sensación de vivir en alta mar, amenazado en el corazón de una felicidad majestuosa.
— Decidimos perdurar desde el instante en que no nos dejamos morir, y entonces le reconocemos a la vida un valor, al menos relativo.
— Junto a Calipso, Ulises puede escoger entre la inmortalidad y la tierra de la patria. Escoge la tierra, y con ella la muerte. Semejante grandeza hoy nos resulta ajena.
— Sí, existe la belleza y existen los humillados. Por difícil que sea la empresa, querría no ser jamás infiel ni a la una ni a los otros.
— Algunas noches cuya placidez se prolonga, sí, ayuda a morir saber que volverán sobre la tierra y el mar cuando ya no estemos.
— Todo lo que perece desea durar. Digamos pues que todo quiere durar.
— En plena oscuridad de nuestro nihilismo, he buscado solamente las razones para superar ese nihilismo por fidelidad instintiva a la luz donde nací.
— Admitir la ignorancia, rechazar el fanatismo, reconocer los límites del mundo y del hombre es el espacio en el que nos reuniríamos de nuevo con los griegos.
— Pues en no ser amado solo hay mala suerte, pero en no amar hay desgracia.
— Quienes se aman y deben separarse pueden vivir sumidos en el dolor, pero no hay desesperación: saben que el amor existe.
— En ellas el mundo renace todos los días bajo una luz siempre nueva. ¡Ah, la luz! […] En medio del invierno, aprendí al fin que había en mí un ser invencible.

Correspondance 1932-1960 (Correspondencia)

— Hoy tan solo tengo una ambición: ser un hombre, del modo más sencillo posible. En efecto, también es un orgullo.
— Ahora comprendo que si tengo algún deber es dar a los míos lo mejor que hay en mí, es decir, intentar protegerlos de la mendacidad.
— Mi único temor actual es no hacer justicia y no amar a todo lo que merece justicia y amor.
— [Hay que escuchar] esa voz que a veces me dice que la vida siempre es favorable a los que la aman y jamás la traicionan.
— ¿Vivir con las propias pasiones? Sí, eso es lo que me apremia. Pero eso supone gobernar tanto la propia vida como el pensamiento.
— Sacar partido tanto de la sombra como del sol, una sabiduría que ya no niegue nada, eso es lo que anhelo.
— ¡Y qué bien entiendo ahora que al alcanzar la madurez no hay un asunto más hermoso para el hombre que su infancia pobre!
— Las mañanas en la playa parecían los primeros amaneceres del mundo. Y en esa vida animal había algo profundamente dichoso.

L’envers et l’endroit (El revés y el derecho)

— No existe amor a la vida sin desesperación de vivir.
— Pues lo que da valor al viaje es el miedo. El viaje quiebra en nosotros una especie de decorado interior […].

Le mythe de Sisyphe (El mito de Sísifo)

— Juzgar si merece o no la pena vivir es responder a la cuestión fundamental de la filosofía.
— En el apego de un hombre a la vida hay algo más fuerte que todas las miserias del mundo.
— Adquirimos la costumbre de vivir antes que la de pensar.
— De todas las escuelas de la paciencia y la lucidez, la creación es la más eficaz. […] Constituye una ascesis.
— Su destino le pertenece, su roca es todo lo que posee. […] La lucha por alcanzar las cimas basta para llenar el corazón de un hombre. Hay que imaginar a Sísifo feliz.
— Galileo abjuró de ella sin dudarlo en cuanto la verdad puso su vida en peligro.
— Un funcionario de correos es igual que un conquistador si comparte su sentimiento.

Le premier homme (El primer hombre)

— La guerra no es buena, porque vencer a un hombre es tan amargo como ser vencido.
— El auténtico amor no es una decisión ni es libre. El corazón, sobre todo el corazón, no es libre.
— La generosidad siempre es más fácil en la indigencia. Pocos son los que siguen siendo generosos tras haberse enriquecido.

Noces (Bodas)

— Haber conocido la alegría durante un día entero no me parecía un logro excepcional, sino la estremecedora realización de una condición que nos recuerda que ser feliz es un deber.
— No obstante, a menudo me han dicho: no hay nada de que sentirse orgulloso. Pero sí lo hay: este sol, este mar, mi cuerpo salado y este inmenso paisaje.
— En Tipasa, ver equivale a creer, y ya no me obstino en negar que mis manos pueden tocar y mis labios acariciar.
— Si rechazo tenazmente todos los «más adelante» del mundo, también es porque se trata de no renunciar a mi riqueza presente.
— Lo que podemos amar en Argel es aquello de lo que todo el mundo vive: el mar, el sol, la belleza de la gente.
— Pero ser puro es recobrar esa patria del alma donde el latido de la sangre se funde con las palpitaciones del sol.
— Pero ¿qué es la felicidad sino el simple acuerdo entre un ser y la existencia que lleva?

Journaux de voyage (Diarios de viaje)

— Disfruto de las vanidades del mundo, pero tengo una regla íntima que es el mar y todo lo que en este mundo se le parece.

Carnets (Cuadernos)

— Cada vez que uno cede a sus vanidades, cada vez que piensa y vive para «aparentar», se traiciona.
— El alcohol mata al hombre y hace surgir a la bestia.
— Arder es mi reposo. Pero no solo nos hace arder la dicha, sino también el trabajo incesante.
— Hay que comprender que es posible desesperar del sentido de la vida en general, pero no de las formas particulares de la existencia.
— Solo tenemos una forma de crear a Dios: llegar a serlo.
— No estoy hecho para la política porque soy incapaz de desear o de aceptar la muerte del adversario.
— Ni siquiera deseo ser un genio, pues bastante me cuesta ya ser un hombre.
— Me di cuenta de que realmente había personas más grandes y auténticas que otras.
— La prensa no es verdadera porque sea revolucionaria. Solo es revolucionaria cuando es verdadera.
— Poe y las cuatro condiciones de la felicidad: 1) aire libre; 2) amor; 3) renuncia a la ambición; 4) creación.
— Nietzsche prueba que el pensamiento por sí solo, profesado en soledad, constituye una aventura tremenda.
— Poseer la fuerza de escoger lo que preferimos y atenernos a ello. O si no más vale morir.
— El gran problema de la vida consiste en saber cómo pasar entre los hombres.
— Es necesario amar la vida antes de amar su sentido. Sí, y cuando el amor a la vida desaparece ningún sentido nos consuela.
— Si existe el alma, se va creando aquí, a lo largo de toda la vida, y vivir no es más que ese parto largo y torturante.
— Envejecer es pasar de la pasión a la compasión.
— No es cierto que el corazón se gaste (sino el cuerpo, que nos engaña).
— ¿Quién dará testimonio a nuestro favor? Los que nos aman, pues.
— Su vida adulta transcurrirá reclamando esa seguridad a quienes lo rodean.
— El arte es la distancia que el tiempo da al sufrimiento.
— Yo prefiero a los hombres comprometidos que la literatura comprometida.
— De joven les reclamaba a los otros más de lo que podían dar. Ahora sé pedirles menos: una compañía silenciosa.
— Las filosofías valen lo que valen los filósofos. Cuanto más grande es el hombre, más verdadera la filosofía.
— Desde hace dos mil años, se le ha ofrecido al hombre una imagen humillada de él mismo.
— La mayor economía que podemos realizar en el orden del pensamiento es aceptar la no inteligibilidad del mundo.
— No existe libertad para el hombre hasta que vence su temor a la muerte, sin amargura.
— Lo que resulta admirable en el hombre no es que desespere, sino que deje atrás u olvide la desesperación.
— Para que un pensamiento cambie el mundo primero debe cambiar la vida de su autor. Debe convertirse en ejemplo.
— Todo lo que la historia había hecho no valía lo que el perfume fugitivo de la rosa salvaje.
— Una virtud más profunda que consiste en conseguir el equilibrio entre las pasiones.
— Solo tardíamente adquirimos el valor de sostener lo que sabemos.
— Progreso: renunciar a decirle a un ser amado cuánto nos hace sufrir.
— El genio de la vida solo ella lo lleva con un orgullo natural.
— Cuando ya solo sabemos una cosa: que querríamos ser mejores.
— Compréndelos a todos. Ama y admira solo a unos pocos.
— Recuperar la mayor fuerza, no para dominar sino para dar.
— Al dar, considerar que hemos recibido.
— La muerte de Le Potevin: «¡Cerrad la ventana! Es demasiado hermoso».
— La belleza, que ayuda a vivir, también ayuda a morir.
— La singular vanidad del hombre que quiere creer que aspira a una verdad cuando es amor lo que le pide a este mundo.
— El amor no nos purga del egoísmo, pero nos permite sentirlo y nos ofrece una idea de una patria lejana.
— El deseo al mismo tiempo que la ternura requiere tiempo.
— Lo que más distingue al hombre del animal es la imaginación.
— Tenemos que rendir cuentas en este mundo: a todos aquellos a los que amamos.
— Descubrimos que no puede existir para el hombre otra vocación que la de originar esa luz en los rostros que nos rodean.
— Llegará un día en que las personas acepten al fin amar lo que son.
— ¿Qué añade el amor al deseo? Algo inestimable: la amistad.
— La mayor desgracia no consiste en no ser amado, sino tan solo en no amar.
— Nadie merece ser amado, nadie está a la altura de ese don sin medida.
— Quisiéramos que quienes empiezan a querernos nos hubieran conocido tal como éramos antes de encontrarlos, para que pudieran apreciar lo que han hecho de nosotros.
— Lo que haría falta: no solo amar a alguien sin pedirle nada, sino incluso amar a alguien que no nos diera nada.
— Descubrí lo que me parecía el verdadero sentido de la vida en aquella vida de pobreza.
— Las obras de arte nunca bastarán: que al menos sea un medio.
— No se me ocurre qué más podemos desear que la pobreza unida a un ocio activo.
— Toda vida encaminada a conseguir dinero es una muerte. El renacimiento se halla en el desinterés.
— Ya no me avergüenza aquella vergüenza ni me desprecio por haberla sentido.
— Más vale pobre y libre que rico y sometido.
— Oprime el corazón el amor desesperado de lo que dura eternamente en la juventud eterna.
— Nada resulta más despreciable que el respeto basado en el miedo.
— Comprendí que para mí no existe un placer mayor que sentir bajo mis pies la arena virgen mientras ando al encuentro de una luz sonora.
— Ante mi madre siento que pertenezco a un noble linaje: el que no envidia nada.
— Qué suerte haber venido al mundo en las colinas de Tipasa.
— Retener esta luz, volver a ella, no ceder más a la noche de los días.
— Moriré y este lugar continuará prodigando plenitud y belleza. No hay nada amargo en este pensamiento.

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