Para explicar esta mayor facilidad de comprensión sobre el papel, el primer factor que podría invocarse sería el de la experiencia. Como las tecnologías digitales son relativamente nuevas, los hábitos de lectura en pantalla están menos arraigados que los del papel. Una forma de comprobar este factor sería comprobar si, en las publicaciones más recientes, en las que los participantes muestran, por tanto, una mayor familiaridad con las pantallas, las diferencias de comprensión entre los soportes disminuyen.
Sin embargo, como han observado Delgado y sus colegas, está sucediendo exactamente lo contrario: la diferencia en el rendimiento de comprensión entre la pantalla y el papel aumenta en los estudios más recientes en comparación con los más antiguos. Por tanto, la relativa falta de experiencia con la tecnología no explica las ventajas del papel en términos de lectura.
Experiencia sensorial
¿Sería entonces la materialidad del libro impreso el factor decisivo? En efecto, leer un libro implica no sólo el análisis y procesamiento de lo que allí está escrito sino también la asociación entre el contenido y un objeto rico desde el punto de vista sensorial. La forma, la portada del libro, el olor, el número y el grosor de las páginas ayudan a nuestro cerebro a integrar la información que le llega y a retenerla mejor con el tiempo.
Al almacenar miles de libros, las tabletas y los lectores electrónicos ciertamente permiten aligerar las mochilas escolares, pero, leídos en el mismo soporte, los libros de texto y las novelas escolares se asociarán con una experiencia sensorial menos específica y, por lo tanto, serán menos procesados y recordados. Los resultados de un estudio que acaba de publicar
Mangen, Olivier y Velay (2019) apuntan en esta dirección.
Los autores pidieron a los participantes del estudio que leyeran un texto narrativo largo utilizando un libro o un lector electrónico. Si los rendimientos de comprensión general medidos fueron en general los mismos, cualquiera que fuera el soporte, la lectura en papel permitió recordar mejor dónde aparecían exactamente las frases y en qué orden ocurrieron los acontecimientos.
Los autores consideran así que manipular un libro real durante la lectura proporciona información sensorial y motora más rica, lo que permite procesar y memorizar mejor el texto y la organización temporal de los acontecimientos descritos. Así, los datos científicos actuales nos llevan a seguir favoreciendo la lectura de libros impresos si queremos favorecer la comprensión y la memorización de lo leído.