En 2010, el filósofo surcoreano Byung-Chul Han publicó en Alemania La sociedad del cansancio, un breve ensayo dedicado a examinar las transformaciones de la vida contemporánea. Su punto de partida era una paradoja: las sociedades que celebran la libertad individual, la iniciativa personal y la capacidad de superación producen también nuevas formas de agotamiento. El problema, según Han, ya no podía explicarse únicamente mediante la imposición de obligaciones externas. Una parte importante de la presión procedía de los propios individuos, convertidos simultáneamente en trabajadores, supervisores y responsables de su rendimiento.
Durante buena parte del siglo XX, el pensamiento social había estudiado instituciones organizadas alrededor de la disciplina, la vigilancia y la obediencia. Han retomó las investigaciones de Michel Foucault para señalar una transformación en los mecanismos de poder. A su juicio, las sociedades contemporáneas habían desplazado progresivamente el mandato de obedecer hacia la exigencia de producir, emprender y mejorar continuamente. El individuo ya no necesitaba recibir órdenes permanentes para someterse a una lógica de rendimiento: podía interiorizarla hasta convertirla en una obligación personal.
Esta transformación aparece con especial claridad en el mundo laboral. La disponibilidad constante, los objetivos de productividad, la competencia profesional y la necesidad de actualizar conocimientos extienden las exigencias del trabajo más allá de los horarios establecidos. Las tecnologías digitales permiten mantener comunicaciones, atender solicitudes y desarrollar actividades desde prácticamente cualquier lugar, pero también pueden dificultar la separación entre la vida profesional y el tiempo privado. El descanso deja entonces de constituir un espacio independiente y comienza a evaluarse según su capacidad para recuperar energías y mejorar el rendimiento posterior.
La presión tampoco permanece confinada al empleo. Las redes sociales, las aplicaciones de seguimiento personal y determinados discursos sobre el éxito convierten aspectos de la existencia cotidiana en actividades susceptibles de medición y comparación. El ejercicio físico, la alimentación, las relaciones personales y las experiencias culturales pueden incorporarse a una dinámica de objetivos y resultados. Han identifica en esta tendencia una forma de autoexplotación: el sujeto se considera libre porque administra sus propias actividades, aunque termina sometido a exigencias que reproduce voluntariamente. La ausencia de un superior visible no significa necesariamente la desaparición de las relaciones de poder.
Uno de los aspectos más discutidos del ensayo es su interpretación del agotamiento psicológico. Han relaciona la sociedad del rendimiento con fenómenos como la depresión, el desgaste profesional y la sensación persistente de insuficiencia. Su argumento es filosófico y social, no una explicación clínica universal de estos problemas, que poseen causas múltiples y requieren investigaciones específicas. Sin embargo, su planteamiento permite examinar cómo determinadas condiciones laborales y culturales pueden intensificar la experiencia de cansancio, especialmente cuando las personas atribuyen sus dificultades exclusivamente a una supuesta falta de esfuerzo individual.
El problema adquiere otra dimensión cuando se consideran las desigualdades económicas. No todas las personas experimentan el agotamiento de la misma manera ni disponen de iguales posibilidades para organizar su tiempo. Quienes desempeñan empleos precarios, realizan jornadas extensas o asumen tareas de cuidado no remuneradas afrontan condiciones materiales que no pueden reducirse a la búsqueda voluntaria de productividad. La distribución desigual del descanso revela que el cansancio también depende de los ingresos, las relaciones laborales, el género y el acceso a servicios sociales. Por ello, una interpretación exclusivamente individual del agotamiento dejaría fuera una parte fundamental de sus causas.
Han también relaciona la aceleración de la vida cotidiana con la pérdida de espacios dedicados a la contemplación. En su reflexión, la atención profunda necesita interrupciones, silencios y períodos que no estén subordinados a una finalidad productiva inmediata. La multiplicación de estímulos y la alternancia constante entre actividades favorecen una experiencia fragmentada del tiempo, en la que resulta difícil sostener una concentración prolongada. Esta crítica no supone que toda tecnología produzca necesariamente dispersión, sino que cuestiona las formas de organización social que convierten la actividad ininterrumpida en un valor por sí mismo.
La sociedad del cansancio fue traducida a numerosos idiomas y se convirtió en una de las obras más conocidas de Byung-Chul Han. Su circulación coincidió con debates cada vez más extendidos sobre el agotamiento laboral, la hiperconectividad y los límites de la cultura de la productividad. En 2019, la Organización Mundial de la Salud incorporó el síndrome de desgaste ocupacional, conocido como burnout, a la undécima revisión de la Clasificación Internacional de Enfermedades como un fenómeno relacionado con el contexto laboral, no como una enfermedad. La definición lo vincula al estrés crónico en el trabajo que no ha sido gestionado satisfactoriamente, una delimitación clínica distinta de la crítica filosófica más amplia desarrollada por Han.
COMPARTIR ARTÍCULO:

