El insomnio: ni enfermedad, ni cura 

¿Cuánto de ti se va con la noche? El ser humano pasa un tercio de su vida durmiendo y, aun así, poco se reflexiona en torno a ese momento de virtual improductividad, y es que, en esencia, a la filosofía contemporánea solo le interesa el descanso humano al ser analizado como contraparte silenciosa del momento consciente y productivo. Marx no habla del sueño en sí, sino de la imposibilidad de descansar cuando se trabaja tantas horas; hoy, Byung-Chul Han habla del cansancio como eje temático, el descanso en sus obras es algo que se asume como antónimo implícito, aunque no se detenga demasiado a pensar en ello. 

En esencia, la filosofía moderna no tiene un interés real en el descanso y los sueños, lo cual es paradójico, pues los pensadores que critican el cansancio no abordan uno de los momentos más importantes para la salud y bienestar humanos. Esto, más que una crítica al pensamiento hegemónico en sí, es un señalamiento irónico al hecho de que el sistema productivo, incansable y abierto las veinticuatro horas como tienda de autoservicio, ha permeado en la forma en la que pensamos al descanso, a dormir y al sueño, no por lo que son —fenómenos en sí mismos—, sino como la oposición y reflejo negativo del momento productivo. 

Cosa distinta sucede en el campo literario que tradicionalmente ha mirado al momento somnífero y a los sueños como su fuente y núcleo, una educación narrativa que el cine y las producciones audiovisuales heredaron. Ejemplos hay demasiados, pero basta elegir una obra en la que la noche y el sueño juegan un rol fundamental en el conflicto humano: Drácula de Bram Stoker. En la obra, el vampiro es una figura insomne que aterra a los hombres y mujeres dignos que hacen su vida familiar, burocrática y laboral durante las horas solares; en este sentido, los vampiros si bien, parecen humanos, su forma de ser y estar rememora más al salvajismo animal que a la cultura civilizada, burguesa e imperial de la Gran Bretaña del siglo XIX. 

La noche en esta novela, es escenario narrativo, pero también enemigo, ya que es bajo el influjo del momento más improductivo y pasivo del día, que Drácula y sus esposas se vuelven amenazantes. La noche entonces, se nos presenta paralelamente como momento improductivo, pero también como tiempo violento de no seguir los ritos urbanos que indican que durante las madrugadas, el sujeto productivo debe dormir y reponer energías para trabajar al día siguiente. Dentro de las muchas formas de entender Drácula —como crítica a la aristocracia, adelantamiento de las dinámicas capitalistas/extractivistas, o como un reflejo del miedo social de la época a la sexualidad femenina— también podemos entender esta historia de una forma más esencial: El insomnio enferma, la noche es la enfermedad; al menos una forma de ella.

Drácula es una novela gótica y romántica, ambos movimientos literarios (en ocasiones indistinguibles) entendían desde varias décadas antes de Sigmund Freud que existen en las personas fuerzas interiores emotivas y animales que nos hacen actuar, pensar, soñar, creer e imaginar de maneras poco racionales e incómodas para las sociedades ilustradas e iluminadas por la aparente razón pura. De esta forma, la literatura se adelanta a la filosofía y psicoanálisis al postular a través de sus obras que dentro de toda persona y cultura, existe una sombra poco aceptada, violenta, emotiva e instintiva. Ni hablar del misticismo, hermetismo y ocultismo, pues esas formas hermenéuticas de la realidad vislumbraron esa sombra desde muchos siglos antes. La animalidad instintiva y oculta del ser humano tiene a la noche y su campo semántico como símbolos, de ahí que la vida nocturna sea tenida como reflejo del mal, de los vicios y de los excesos para quien la habita en vela. 

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El insomnio es una condición psicológica o biológica que interrumpe el ciclo sano del sueño. Actualmente, solemos entender al insomnio como una consecuencia de algún otro padecimiento o malestar como la ansiedad o depresión, pocas veces lo comprendemos como fenómeno aislado o como causa: A la aseveración No pude dormir, le sigue la respuesta interrogativa de nuestro interlocutor ¿Por qué? 

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En este breve ensayo postularé que existe un extenso campo de estudio para comprender al insomnio también como condición ontológica del ser y de la cultura contemporánea, no sin dejar de explorar al sueño y descanso como fenómenos necesarios sine qua non podríamos hablar de insomnio, pues en esencia, la esfera de lo productivo existe no solo como causa del cansancio, sino también como consecuencia del descanso. 

Al insomnio lo podríamos definir provisionalmente como el deseo de dormir y no poder satisfacerlo. Sabemos que adolecemos de insomnio por esa molestia y cansancio mental y corporal que se estaciona en nosotros a la mañana siguiente al insomnio. Pasamos nuestro día deseando llegar a la cama y conciliar el sueño, pero cuando finalmente apagamos la luz de la habitación y cerramos los ojos, un movimiento inusual de nuestro ser nos impide, otra vez, dormir correctamente; el deseo, por definición, es un anhelo insatisfecho, desear dormir es posicionar al evento somnífero siempre en el futuro, también por definición, inalcanzable. En este sentido y definición, el deseo de dormir se funda desde la carencia y el vacío, e incluso cuando el insomne consigue ver cumplido su anhelo y concilia el sueño, este mismo no llena el ideal que se tenía de ese momento anhelado. 

La sensación crónica de cansancio que acompaña al insomne, nuevamente, está sostenida por la insuficiencia de tiempo dormido, como si el tiempo fuera una unidad de valor material con el que compramos descanso cual mercancía en el mercado y no un fenómeno existencial que define nuestro encauzamiento por el mundo.

Para efectos del presente diré que mientras la jornada laboral está definida por el tiempo cronológico (secuencias temporales lógicas que ordenan la realidad, en este caso una realidad productiva), el tiempo nocturno y onírico se define, más bien, por su núcleo temporal mitológico (una comprensión narrativa de la realidad no siempre lógica ni lineal), esta definición del tiempo mitológico aplica incluso cuando está enmarcado dentro de una dinámica moderna y capitalista—.  Así, el insomnio tiene dos formas de entenderse: a) como una consecuencia cronológica que se define desde la carencia o insuficiencia del sueño como valor material o monetario; como el deseo consumista insatisfecho; o como sensación de insuficiencia productiva para el día productivo siguiente, o b) como un fenómeno mitológico en el que el ser requiere de tiempos en vela para su autoconocimiento narrativo a través de la tautología mental; como un fenómeno en el que el inconsciente y el consciente adelgazan más su frontera para tener una comprensión más profunda de nuestro mundo; como una un fenómeno ontológico que no es ni enfermedad ni cura, solo condición humana matizada por la noche y el silencio.

Se entenderá que el insomnio cronológico enmarcado en una cultura determinada por el modo de producción capitalista, es el más apto para ser definido como enfermedad de la cultura productiva y la predisposición que genera en los sujetos productivos a estar siempre presentes, teniendo al descanso como recompensa culposa y no como necesidad básica. Este insomnio cultural y no ontológico, es al que se le suele interpretar y explicar a través de la causalidad: Tuve insomnio toda la noche porque me dio ansiedad y sobrepensé. Este tipo de insomnio cronológico y productivo era el que mantenía despiertos y ansiosos en Drácula a Abraham Van Helsing, Jonathan Harker, Lord Godalming, Quincey Morris y el Dr. John Seward. 

Por otro lado, el insomnio mitológico es ese que se presenta sin causa aparente y que nos invita a reflexionar en la vigilia nocturna sobre los temas más profundos de lo que significa existir, a sentir nuestra experiencia humana, a aceptar nuestra sombra y a soñar despiertos. Este tipo de insomnio empata más como una condición ontológica del ser y no como una enfermedad de la cultura del consumo y productiva. En la novela Drácula, Lucy Westenra es el personaje que empata de mejor manera con esta definición de insomnio, siendo ella una sonámbula entregada a la noche. Mina Harker, por otro lado, es un personaje en conflicto entre el tiempo cronológico y el tiempo mitológico.

Ahora bien, el que existan dos o más formas de interpretar, entender y explicar al insomnio, no significa que estas formas se opongan en un sistema binario perfecto e incorruptible; las categorías conceptuales históricamente han sido fundadas como sistemas de ordenamiento y comprensión que en la realidad coexisten sin las fronteras teóricas trazadas. Las categorías nos ayudan a entender el mundo y sus fenómenos, pero al ser modelos abiertos, expresados por un lenguaje imperfecto, estas categorías no agotan al mundo en sus definiciones. En este sentido, el insomnio cronológico y mitológico coexisten.

Las categorías contemporáneas nos indican que los días están reservados para la actividad productiva, dejando a la noche como el único momento para el descanso, el ocio, la creatividad no laboral, la fantasía y la reflexión; en este sistema de ordenamiento capitalista y moderno, el insomnio mitológico transmuta de necesidad trascendente a opción mundana dentro de un mercado de tiempo ya saturado, y como opción mercantil, el ser puede elegir sentirlo o no adrede; de ahí que las ensoñaciones conscientes y reflexiones existenciales que suceden durante el insomnio,  hayan dejado de ser fenómenos nocturnos y formas involuntarias no causales de relacionarnos y conectarnos con el mundo, y se hayan convertido en maneras de escapismo. 

No teniendo tiempo en el día para el autoconocimiento, los distintos momentos de la jornada se devoran para hacerse tiempo por la fuerza, esto resulta en que el insomnio mitológico visto desde el déficit y como opción mundana, lejos de conectarnos con otros niveles de experiencia, nos desconecte del mundo al no apreciar la profundidad experiencial por lo que es, sino por lo que nos añade (ganancia) o por lo que nos priva/adormece/seda.  

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Mirar al mundo con cansancio tras una mala noche, solo es “malo” en la medida en la que somos improductivos; sin embargo, no hay que olvidar que un estado alterado de consciencia en distintas tradiciones y pueblos, suponía tener una experiencia distinta de la realidad en muchas ocasiones mística. El valor que el estado de consciencia alterado tenía no radicaba en lo productivo o no que se fuera en ese momento, sino en la información y conocimiento nuevo al que se tenía acceso, este conocimiento era uno mitológico, no cronológico y de profunda conexión con la experiencia, contrario a la sedación que el insomnio contemporáneo produce. 

Al estar acostumbrado toda mi vida al insomnio y sin esto ser una apología a un padecimiento del sueño real, he llegado a pensar que mirar al mundo diurno desde el cansancio nos permite acceder a una profundidad distinta de él. Llevar a la noche en los ojos y mirar con ellos al día, es desocultar lo oculto y acceder a ciertos misterios desde una experiencia diferente del mundo en la que lo onírico y lo real no son categorías tan diferenciadas como se suele pensar. 

El insomnio, la noche, lo oculto, lo sobrenatural y lo prohibido comparten un lazo arquetípico y como arquetipo, hay un conocimiento dispuesto a nosotros accesible solo en tanto dejemos de negarnos a la experiencia no productiva e irracional.

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José Daniel Arias Torres

José Daniel Arias Torres

Licenciado en Relaciones Internacionales y Maestro en Literatura Aplicada por la Universidad Iberoamericana de Puebla, escritor y creador del espacio digital de análisis
cultural “Bardo Catalepsia”.