Acerca de la relación personal con la Literatura, la Educación, la Ciencia, las Artes y la Cultura en general
Las palabras siempre me resultaron un misterio y, a la vez, una maravilla: las infinitas posibilidades de compartir ideas, afectos, sueños y sensaciones junto con otros seres y con uno mismo. Cuando comencé a leer, alrededor de los tres años —época en la que ya devoraba periódicos, revistas, historietas y libros de cuentos—, se abrió ante mí otra dimensión de la realidad. Y eso que provengo de una familia de la clase trabajadora concordiense de los años 70: se leía, se estudiaba y se proyectaba a través del conocimiento y de la cultura, aun bajo las gravísimas circunstancias y contradicciones (con la brutal dictadura mediante) de aquella época. Noto que, en las mayorías populares, se valoraba mucho más la cultura y el saber, de manera genuina y no meramente artificial, “cortoplacista” u oportunista.
Es decir: se pensaba que las ideas podían ayudar a cambiar nuestra vida y el mundo. Hoy, en cambio, si no tenés dinero, “status” o una gran posición material, o si no respondés «a tal o cual», no siempre se te valora la cultura.
No todos comprenden la importancia del Arte, de la Ciencia, de la Educación y de la Cultura en general, lamentablemente. Aquí no todo el mundo es Ricardo Rojas, José Ingenieros, Enrique Anderson Imbert, Roberto F. Giusti, Beatriz Sarlo o Esther Díaz; una lástima, pero es así. Esto, durante mi adolescencia, me motivó a rebelarme contra tantos prejuicios e hipocresías enquistadas. La literatura siempre estuvo y estará conmigo en esta búsqueda, como apoyo y como creación, como cambio interior y mancomunado: “como un abrazo y también como un puño”, “como flor y como lanza”, “como sangre y fervor”, siempre, de una u otra manera.
En cuanto a la relación de la Literatura con otras Artes y expresiones socioculturales
Recuerdo canciones infantiles, canciones folclóricas muy variadas, la música que había en casa —que era generalmente rock y pop nacional e internacional— y las melodías de las radios de los años 70 y 80. Pero, sobre todo, me llaman la atención, a la distancia temporal, las significaciones de cada estilo de sonido y los modelos de arte y de artista. Había mucha rivalidad entre las elecciones musicales: si escuchabas folklore o tango “eras un buen argentino, popular y bien nacido”; si escuchabas rock “eras un vago, un lumpen, una ‘oveja descarriada’ y hasta un ‘antipatriota'”; si escuchabas música clásica “eras un pobretón queriendo dártelas de intelectual francés”, etc. Con los años, uno nota más amplitud y confluencia en el arte, en la ciencia y en la técnica, y también entre el público mismo. Aún falta mucho, pero creo que esto se relaciona también con la necesidad de una genuina maduración democrática en toda la sociedad, y la cultura no es ajena a ello.
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Me interesa →Personalmente, indagué en los gustos musicales durante mi adolescencia, y el rock marcó momentos indelebles de mi vida, periodos de rebeldía y de disfrute estético, de una melodía firme y armoniosa con letra filosófica y existencial, o contestataria y de carácter social, muy en la vertiente del rock progresivo, el rock duro, el blues, entre otros. Grupos como Deep Purple, Pink Floyd, Queen, Rush, Rage Against The Machine y tantos otros, el Rock Nacional Argentino desde sus inicios hasta fines de los años 90, o la Trova Latinoamericana y el Folk Internacional, se me hacen inevitables de volver a escuchar, aunque soy abierto a otros sonidos y estilos nuevos, como en todas las ramas del Arte.
Hoy, entre los más jóvenes, el Rap, la Música Electrónica y la Cumbia expresan mucho de ese mensaje del Rock, del Reggae, del Blues, del Punk o del Metal; esa rebeldía, ese acompañamiento y esa búsqueda vital, quizás sin tanta carga ideológica o filosófico-social debido a tratarse de épocas con inquietudes diferentes. Aunque también es cierto que se nota menos rigidez al escuchar y disfrutar de diferentes fuentes: hay mucha fusión, y eso me resulta muy pleno y enriquecedor.
Acerca de las experiencias de la Labor Literaria y las Luchas Democrático-Sociales
En principio, las crisis sociales y familiares, las rupturas y las búsquedas personales, las relaciones afectivas, los vínculos, los trabajos, los viajes, las instituciones… todo me fue marcando, de una u otra manera. Yo quería estudiar antropología, luego psicología, a la vez que escribía cuentos breves, poemas amorosos y hasta “almibarados”, y también canciones para rock social. Luego, la participación política en reuniones y asambleas de artistas, técnicos y militantes, sumada a la lectura de «clásicos» socialistas y progresistas como Víctor Hugo, Vladimir Maiakovsky, Walt Whitman, Máximo Gorky, Mario Benedetti, Federico García Lorca, Antonio Machado, José Pedroni, Juan Gelman y varios, varios más, me acercaron una síntesis y una fusión detonante en mi mente y en mi corazón: quiero aportar desde mí, desde lo que me gusta, desde lo que sé hacer.
Ahí fue cuando, a medida que comenzaba a autopublicarme y a ser publicado por otros colegas, empecé a proyectar y a soñar con “ser escritor”, a estudiar letras, lenguaje, comunicación, a querer aprender y conocer más, entre tantos otros sueños y deseos. Y, si bien uno va aprendiendo y acumulando, reordenando y procesando tanta información a lo largo de los años, la autocrítica debe ayudarnos a extraer lo que nos identifica y lo que nos renueva. No coincido con los indiferentes, pero tampoco con los sectarios, ya que ambos reniegan de comprometerse con alguien o con alguna idea, y caer en eso puede volvernos soberbios, egoístas o muy individualistas.
El estudio y el conocimiento, la militancia y la participación, la lectura y la escritura, el arte, la amistad y los seres queridos son el pilar que me sostiene racional, emocional y afectivamente, y que quiero disfrutar y compartir siempre, aun por sobre tantas diferencias que podamos tener.
En referencia a las actuales perspectivas
En lo personal, quiero complementar varios proyectos que tengo en mente (algunos ya están en camino), principalmente profundizar mis estudios y mis profesiones; otros quizás requieran mayor dedicación, energía y tiempo. En lo social, querría una sociedad más amplia y solidaria, democrática y equitativa, y en esto también hace falta compromiso y dedicación desde cada uno de nosotros, además de lo que ya sabemos: redireccionar recursos, estructura, organización y objetivos.
Las grandes polémicas y temáticas más graves como la pobreza, el desempleo, la violencia, la corrupción, la guerra, la destrucción ambiental, la importancia y la marginación son cuestiones reales y muy complejas, muy instaladas y, paradójicamente, muchas veces negadas, ocultadas o distorsionadas, debido a que suelen subyacer intereses muy concentrados y poderosos como orígenes de tan nefastas consecuencias.
Y si bien uno sabe que no es posible transformar nada de manera individual y aislada, sí sabemos que podemos, desde nuestro propio aporte, generar alternativas y propuestas superadoras, incluso con lo poco o mucho que tengamos. No coincido con quienes se escudan en un derrotismo nihilista, porque eso de que “está todo podrido”, “hay que zafarla cada uno nomás” o que “ya nada va a cambiar” le sirve a la decadencia dominante: si no creés en nada, en ninguna propuesta, en ningún ideal, entonces es muy probable que no luches por cambiar ni mejorar nada.
Con respecto a la Autodeterminación Artística y Socio-Cultural
En principio, requiere de toda una decisión el hecho de definirse como “artista independiente”, porque ambas palabras, por separado, suelen resonarnos a identidades y elecciones muy diferentes. Hay gente que se acerca al arte por diversas razones: algunos por curiosidad, otros por cierta facilidad, algunos por mero pasatiempo o “hobby”, algunos por vocación, y algunos otros por expectativa laboral y comercial, o por simples ganas de “hacer algo” o de “ser alguien”, ser famoso, popular, es decir, ser conocidos, etc.
Ser artista independiente retoma la idea de autogestión, de autosustento, de tomar “conciencia clasista” de tu trabajo y de tus ideas, de apostar “desde uno mismo para todos”, contando también con otros artistas flexibles y amplios, democráticos y generosos, mediante la ayuda mutua y la solidaridad activa, mediante el acuerdo y el respeto, el diálogo y el consenso, mediante la práctica creativa y transformadora, creando y cooperativizando espacios, vínculos y redes en tal sentido, acompañando y formando parte de otras tantas iniciativas artísticas, sociales y culturales.
En cuanto al Trabajo Artístico-Literario y las Crisis Circundantes
Considero que el rol del Estado puede y debe fomentar iniciativas en el arte, como en otros ámbitos de la cultura y de la sociedad, pero tal medida debe ser libre y abierta, sin imposiciones ni presiones, sin desigualdades ni falsedades sobre los artistas, los científicos, los técnicos, los intelectuales y todos los trabajadores en general.
También considero que, desde hace varios años, hay una asimilación errónea —muy mal digerida— acerca de un supuesto “mecenazgo”, de una “subvención” o de una equivocada “política cultural” que tiende a generar una “nueva burocracia” dependiente y adicta a prebendas estatales y gubernamentales “desde arriba”. Esto no es otra cosa que la aplicación de un asistencialismo y clientelismo demagógico y embrutecedor sobre los artistas, en tanto trabajadores de la cultura, y de sus propias obras, en tanto producciones de su fuerza de trabajo.
Lamentablemente, esto demuestra que han cambiado varios discursos sociales, pero siguen en pie muchas de las viejas y nefastas prácticas políticas: se sigue usando al Estado como “coto de caza” para intereses mezquinos, y a los artistas como empleados en “estado de servidumbre” que deben estar dispuestos a aplaudirlo todo, a besarle los pies al poder, a depender arbitrariamente del oficialismo de turno. Eso no contribuye en nada a generar conciencia social, ni a desarrollar o ampliar una creatividad artístico-cultural plena, libre y que nos ayude a todos como sociedad.
A su vez, semejante segregación divide a los artistas entre quienes “responden a tal o cual” y quiénes entrañan búsquedas creativas más amplias y abarcativas; fomenta y recrudece la competencia en lugar de la solidaridad, y da lugar a que se cuelen “Viejos Vizcachas” en lugar de nuevos “Martín Fierro”. Es decir: se meten oportunistas, acomodaticios, falsos y trepadores sin ideas y sin otra iniciativa más que sacar rédito propio, sin aportar nada renovador y en detrimento de quienes sí se esmeran por generar cultura, muchas veces “casi sin nada y con todo en contra”. Esto es deprimente y, sobre todo, es muy, muy injusto.
Los desafíos del Escritor, del Artista y del Creativo Socio-Cultural
Estamos atravesados por el ámbito social, somos seres sociales; muchas cuestiones nos impactan de diferente manera, y eso suele influir en nuestra labor y en nuestra obra también, en nuestras motivaciones y perspectivas, en nuestros impulsos y objetivos, sin que esto deba alienarnos, disolvernos o alejarnos de nuestras iniciativas. Seguro que no es nada fácil avanzar casi sin apoyo, con escasísimos recursos, “a contracorriente”, en un ambiente muchas veces hostil, despreciativo o indiferente hacia el Arte y hacia los artistas, pero también lo tomo como un reto, un desafío y una prueba para aprender y forjarme más y más.
Se viene una redefinición entre los conceptos de “arte-artista-cultura-sociedad” que nos trasciende como individuos, pero que nos interpela y nos obliga a tomar posición cada vez más, respondiendo con nuestro ideal y nuestra acción. Este es un proceso mundial, pero que lo empezamos a resolver desde “el terruño”, desde cada uno hacia todos, o como suelo decir: “desde lo poco que tenemos, hacia lo mejor que podemos”.
Empecemos confiando en nosotros, agrupémonos, acompañémonos, tengamos firmeza en las convicciones y amplitud y flexibilidad en las acciones, compartamos más en vez de competir, y recuperaremos y cultivaremos mucho más del espíritu cooperativista en el mundo del arte y de la cultura en general.
Algunas perspectivas a futuro en la Literatura, el Arte y lo Político y Socio-Cultural
Específicamente, en lo literario, vengo trabajando en nuevas producciones, creando y escribiendo nuevo material, y también fortaleciendo espacios como mi taller y mis propuestas con otros artistas muy diferentes y muy diversos.
Hace tiempo que mucha gente me pide que reúna todos mis textos dispersos —tanto lírico-poéticos como periodísticos o ensayísticos— que circulan en periódicos como la histórica y queridísima revista de humor social y análisis cultural concordiense “Panza Verde” del gran Rubén Bitz, fanzines de Rock, revistas de poesía, grabaciones de cassettes, programas de radio y diversos sitios virtuales de Internet, aquí y en otros lugares. Esto es sorprendente, porque uno no suele medir hasta dónde o hasta quiénes puede llegar su obra y qué efecto puede generar en otras personas. Ya tengo muchísimo material disperso, publicado en los más variados formatos y ampliado en muchos otros espacios.
A su vez, gracias a la solidaridad de otros artistas como Ángel López Tagliapiettra, José Mauss, Martín Barcos y varios más, algunas de mis poesías y letras ya comenzaron a incursionar en el ámbito musical, también irán avanzando y creciendo en el ámbito del teatro y, quién sabe, quizás se extiendan y amplíen a fotografías o fragmentos de cine y audiovisuales.
También quiero agradecer, saludar y felicitar a grupos literarios como “Autores de Concordia” y “Arreando Estrellas” que siempre me invitan a sus actividades, a varios grupos de rock, asambleas y grupos de trabajadores de variado oficio, y a artistas locales y regionales que también acompañan varias movidas aquí, en nuestra ciudad, y con quienes es un verdadero gusto disfrutar, confluir y compartir tantas propuestas y experiencias.
Acerca de la Tarea Creativa del Escritor-Artista-Autor y lo Político y Socio-Cultural
El momento de la producción, de la lectura, de la escritura y de la creación, en mi caso, es solitario. Necesito esa combustión interna para desarrollar y fecundar un concepto, y luego esa masa creativa tiene un proceso que va madurando, va buscando su forma; puede plasmarse en frases sueltas, en poemas breves o extensos, en seguidillas temáticas o en representaciones mediante elementos ya dados o desconocidos, que pueden expandirse en otros materiales y en nuevas búsquedas creativas.
La búsqueda de un estilo propio, de una voz propia, de una identidad que me asuma —lo más difícil de lograr en un artista— es muy importante para mí, aunque es innegable esa puja constante entre las influencias y la individualidad, entre la historia y lo por venir, porque vivimos de transición en transición.
También el contacto con tanta gente de tan diferentes ámbitos, de distintos sectores y de diversa mentalidad, siempre me motiva a buscar esos detalles que me sorprendan, que me generen cierta inquietud, cierta polémica, cierto sacudón interno; que me obliguen a reformularme la percepción, los sentidos, las ideas y las emociones, para abordar las letras desde otra visión lo más particular posible.
Si esto me transforma a mí, me remueve, me genera algo, lo considero meritorio de ser comunicado, expresado, compartido y apto para el vínculo con el lector, con el otro, con otros corazones, con todos los demás seres humanos. Y los medios y las vías para ampliar y profundizar ese mensaje pueden tomar las formas y las modalidades más diversas, sin perder ni traicionar mi identidad y mi esencia personal.
Ante el Rol del Estado y sus Políticas Público-Estatales en el Área Educativa y Artístico-Cultural
La cuestión acerca de las instituciones, el rol estatal y las políticas públicas en las áreas del arte y la cultura en general, local y regionalmente, han formado parte de políticas mayores y se han aplicado de manera similar a otras esferas como la Justicia, la Producción, la Salud y la Educación. Ha habido cambios en muchos discursos y modelos comunicativos, pero al ser casi los mismos gobernantes y dirigentes “intercambiados” de períodos anteriores, se han mantenido casi las mismas prácticas de gobernar de antaño.
El uso del Estado como “propiedad privada”, la prebenda y el privilegio a quienes verticalmente “obedecen al jefe”, y el ostracismo, el “ninguneo” y la marginación a quienes “no se pliegan”, se mantienen vigentes. Asimismo, no ha habido una creación de espacios que faciliten la participación ampliada de grupos y sectores artísticos y culturales que, de manera autónoma e independiente, puedan hacer su propia experiencia.
Aún no se visualiza al artista como creador y productor, como trabajador y como factor de cambio social. Se ha planteado, en varios casos, un modelo de artista fragmentado, inocuo y hasta “descafeinado” en apariencia, pero propagandista oficialista en los hechos, lo cual evidencia que se trasladó la misma lógica del clientelismo demagógico de añares a la órbita del Arte, de la Cultura y de sus trabajadores.
Obviamente, cada uno elige en todo o en parte, y yo no soy quién para juzgar a nadie; es cierto que hay honestas y muy buenas excepciones. Pero también hay que tener muy presente que algunos artistas han cambiado su actitud, han dejado de lado su iniciativa y su mensaje a cambio de un bienestar económico; otros ya han dejado de producir y hoy son meros burócratas o “funcionarios menores” e, incluso, algunos ya no dialogan ni intercambian más con nadie que no forme parte de “sus círculos”.
Y hasta han atacado a otros colegas de manera muy hostil y agresiva por el hecho de pensar y actuar diferentemente a lo establecido. Con lo cual demuestran que varios han sido cooptados por una mentalidad burguesa y esterilizante, reseca y competitiva, mezquina y soberbia, fragmentaria y antisocial, a cambio de “unos pesos”, de una “efímera fama” o de “salvarse materialmente”; a cambio de no buscar cambiar más que su propia situación individual y nada más.
Abogo y apelo, de manera humilde pero firme, para que podamos reflexionar sobre todas estas cuestiones, viendo a los demás ya no como adversarios, rivales, enemigos o competidores, sino como compañeros fraternales que tenemos nuestra dignidad y que, así como podemos crear ideas, obras, arte, ciencia y cultura, también podemos ayudar a crear nuevas realidades, soñando y viviendo de otra manera, aportando de igual a igual, de un modo más generoso y más libre, más respetuoso y más humanitario, tal como los trabajadores que somos. Cada escritor, cada artista y cada creador son, también, trabajadores.
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