La máquina de fabricar presidentes, por Carolina Camacho.

Había una vez un país en el que todos querían ser presidentes. Una especie de máquina de fabricar políticos como homenaje a la maquinaria capitalista que se propone tener un plantel de presidentes latinoamericanos a los que poder manejar como títeres. No había motivo aparente para pensar que en Argentina había una escuela para formar presidentes. O, a lo mejor, ya éramos escuela y recién ahora nos estamos empezando a dar cuenta. La máquina de hacer chorizos goza de buena salud. Tal vez estábamos haciendo escuela mirando House of Cards desde hace bastante tiempo.

Lo cierto es que todos querían y deseaban, en su fuero más íntimo y no tan íntimo, ser presidentes. Sabían que llegar al sillón de Rivadavia les garantizaba vivir en Puerto Madero o en un country de la zona norte de la ciudad, como mínimo.

Es verdad que somos un país presidencialista por historia, pero tal vez deberíamos atrevernos a empezar a ponerlo en duda. Tal vez haya que cambiar la Constitución e inventar nuevas cosas.

Fabricar presidentes como quien fabrica pan caliente o churros rellenos es, mínimamente, sospechoso en un país donde el hambre y la miseria están a la orden del día. Tal vez, justamente por eso mismo, la pobreza no garantiza nunca seres educados, y viceversa. En un país donde todos quieren llegar a ser presidentes es notorio que a la gente no le gusta demasiado trabajar y que la educación hizo agua desde hace largas décadas. Hizo agua en el vacío de contenidos; hizo agua en ignorar los mercados que, guste o no, existían; hizo agua en no hablar sinceramente de la poca demanda social que había y hay para la gente profesional —y esto está pasando desde hace muchísimo tiempo—; hizo agua en bajarse del podio ni bien dejaron de escucharse los aplausos. Hizo agua en no reflexionar sobre una verdadera pedagogía de lo que nos estaba pasando como sociedad.

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Digamos las cosas como son: el neoliberalismo nunca se fue del todo. Un proyecto cultural como el kirchnerismo inventó cargos para un grupo de personas privilegiadas que tenían contactos e hicieron caudillismo desde siempre. Y nadie tiene por qué ofenderse por decir la verdad. Esas personas, contadas con los dedos y bañadas de cargos, le dieron una inyección de adrenalina al Estado cuasi muerto que había dejado el proyecto cultural del menemismo y, por ende, esa inyección se hizo extensiva a la sociedad. Durante algunos años algo pareció reflotar y, de hecho, reflotó ciertamente, pero no tardarían en verse los distintos deterioros en el Estado y una economía que se fue debilitando dentro de sus cuatro paredes.

Duele, pero existen personas en este país que no quieren que el país progrese, y están en ambos lados de la grieta. Eso es lo peligroso: que estamos rodeados de enemigos por todos lados.

Lo más doloroso para todos es que los partidos políticos y, por ende, los sindicatos se siguieron ensalzando en su propia mentira durante años. Siguieron tirando de la cuerda y empujando hacia adelante un peronismo vencido, como quien empuja un muerto. Lo estiraron y lo estiraron, subestimando el daño profundo que ya existía en la economía de antaño, porque no se puede inflar el Estado como un globo de helio y seguir inflando e inflando sin pretender que, en algún momento, explote y vuele todo por el aire. Se podría decir que nos subestimaron a todos, sobre todo a los que conocemos muy bien el Estado desde adentro.

El globo de helio finalmente explotó, con todos nosotros adentro. Hipotecaron la casa de todos con nosotros adentro.

En la historia de la política y la cultura siempre hubo personas que renunciaron a los privilegios naturales de sus respectivas clases sociales en pos de defender una amistad o simplemente de hacer prevalecer las ideas en las que uno cree. Pero aquí, en esta Argentina, lo que se viene observando es que nadie quiere renunciar a ninguno de los privilegios que le fueron dados naturalmente. Claramente, la guita enferma de muerte a los capitalismos, y nosotros, por supuesto, no somos la excepción. Padecemos de una absoluta falta de personalidad, como todo país en el que plantar bananas es más fácil que llegar a ser presidente argentino.

Argentina garantiza facilidades para llegar a la presidencia en cómodas cuotas, sin que nadie sospeche el verdadero plan macabro que es clavarse la banda presidencial para violar al pueblo argentino con su consentimiento mediante el voto. Es una violación lo que vienen haciendo. Con la palabra “democracia” estamos exentos de todo, pero el que llega al sillón ya vendió el alma del pueblo entero al diablo.

El Estado que forjaron mis abuelos y mis padres se hizo trizas frente a nuestros ojos sin que pudiéramos hacer nada para impedirlo, pero existen muchos responsables directos del desastre.

La oficina de favores mutuos estaba que explotaba de gente y había largas colas todos los días, a toda hora, mientras muchos mirábamos la fiesta desde afuera, siendo de adentro por pertenencia familiar, pero viendo la fiesta desde afuera.

La máquina de fabricar presidentes gozó de vigor masculino y patriarcal hasta llegar a eyacular vorazmente y escupirnos un león muy peculiar que aún no podemos definir muy bien qué significa con su presencia estoica, egocéntrica y violenta, aunque lo sospechamos.

Esta gente que desembarcó en el gobierno es una síntesis del peor peronismo, eso en el caso de que existiera un mejor peronismo, algo que a esta altura ya está absolutamente en duda.

¿Cuándo fue mejor el peronismo? Creo que fue en nuestros sueños trasnochados más fugaces y profundos, fantaseando con la idea de que el General era de izquierdas. Una marea de amplias izquierdas quiso apropiarse del peronismo y hacérselo propio, haciéndose cargo de que Perón había sido un militar rupturista que estaba arrepentido de serlo y que nada tenía de burgués. Muchos recibieron un baldazo de agua helada al percatarse de que el General nunca fue de izquierda y, no solo eso, sino que se mofó de echar a los izquierdistas apasionados de la plaza tratándolos de infiltrados, imberbes y estúpidos.

Esa foto define bastante al General echando a la chusma como si fueran ratas. Por eso el peronismo osa ser un movimiento tan fascinante como siniestro al mismo tiempo, y posee esa doble cara ambivalente que lo hace tan psicopático y complejo por momentos.

La tercera posición. La estudiamos. La entendimos. La teorizamos. La nombramos. La embanderamos. Tal vez el peronismo sea la única salida que existe en un país tan grande y complejo como Argentina, pero hay que decir que hoy por hoy existen dos grupos, dentro del peronismo y dentro del antiperonismo, que ya se convirtieron en enemigos directos del pueblo. Y creo que entre ambos grupos se propusieron acabar con la Argentina y con todos nosotros. Creo que les importamos tres carajos todas las personas que vivimos adentro.

Argentina es un territorio complicado donde hay recelo, mentira, mediocridad, envidia, competencia y venganza. Y la verdad es que no hay una verdadera voluntad de cambio.

Hablo con mucha gente que tiene muy buenas intenciones y todavía observo solidaridad en algunas personas, pero falta fuerza y amor, y no nos estamos dando cuenta de que tenemos un enemigo muy potente enfrente.

Este gobierno de este sujeto llamado Javier Milei, que sabemos muy bien a qué grupos favorece, es la peor pesadilla llevada a la realidad. Es un gobierno horriblemente espantoso y hay que empezar a decirlo sin pelos en la lengua.

Otra cosa que hace el peronismo permanentemente es decepcionarte constantemente y luego pedirte que vayas a militar con ellos. Y pienso que no todo el mundo nació para militar en política; es una vocación que no es para cualquiera. A algunas personas les gusta y está perfecto que se dediquen a eso y le entreguen todo el tiempo que deseen de su vida, pero las personas que tenemos que trabajar para sobrevivir y tenemos muchas obligaciones no podemos dedicar tiempo a eso.

Además, todo se corrompió. Se supone que se milita por vocación, para transformar la realidad de tu país, y no para acceder a distintos privilegios a cambio de militancia. Esto fue siempre así, pero hay momentos en que resulta escandaloso. Militar a cambio de un puesto de trabajo me parece horroroso y una forma de prostituirse. Esto no debería ser así: todas las personas tienen que tener acceso al trabajo en un país donde las cosas funcionan bien.

En un país donde sucede eso de manera tan alevosa significa que las cosas no están funcionando nada bien.

“Las fuerzas del cielo” nos acompañarán hacia las puertas del infierno si todos no tomamos real conciencia de lo que vino a hacer este gobierno.

Hubo responsables, sí. ¿Y ahora qué hacemos los que no votamos esto bajo ningún punto de vista y nos estamos viendo muy afectados?

“Viva la libertad, carajo”.

Una pena, realmente, vivir con el enemigo.

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Carolina Camacho

Carolina Camacho

Carolina Camacho es realizadora audiovisual y licenciada en Enseñanza de las Artes Audiovisuales por la UNSAM/ENERC. Ha trabajado en teatro, cine y producción audiovisual en áreas como actuación, dirección, producción y guion, además de desempeñarse en la docencia. Escribe sobre cine, arte, cultura, filosofía y otros temas vinculados a la sociedad contemporánea, y dirige la revista Dada Cine, dedicada al cine y al audiovisual nacional e internacional.