El tiempo fragmentado: Byung-Chul Han y la filosofía de los umbrales

“Se va de un link al otro, de un ahora al otro”


Por: José Daniel Figuera

Los intervalos y umbrales son elementos fundamentales en la topología de la pasión, según el filósofo Byung-Chul Han en su obra Duft der Zeit (Aroma del tiempo). Estos espacios intermedios, que pueden ser de olvido, pérdida, miedo o angustia, también están cargados de anhelo, esperanza y promesa. Han explora cómo estos intervalos, que separan el presente del futuro, pueden ser fuente de sufrimiento cuando lo esperado se dilata, pero también de una profunda riqueza emocional y cultural.



La naturaleza del intervalo

El intervalo temporal, según Han, es un espacio de transición entre dos situaciones o acontecimientos. Este “en medio de” no está definido, lo que genera inquietud y angustia, pero también esperanza. El filósofo compara este sentimiento con el de un peregrino que camina hacia un destino, donde el viaje mismo es constitutivo de la meta. “El peregrinaje no es un mero andar, sino una transición hacia un lugar”, escribe Han. En contraste, el turista moderno, enfocado únicamente en el “aquí y ahora”, pierde la riqueza semántica de los espacios intermedios.

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La aceleración de la vida contemporánea, según Han, ha eliminado la importancia de estos intervalos. “El camino ha perdido su aroma”, afirma. La obsesión por la instantaneidad y la proximidad total ha empobrecido nuestra experiencia del tiempo y el espacio, reduciendo los intervalos a meros obstáculos que deben superarse lo más rápido posible.

La desaparición de los umbrales

Han argumenta que la eliminación de los umbrales, tanto espaciales como temporales, ha llevado a una visibilidad total y una disponibilidad absoluta. “El allí se desvanece en una sucesión ininterrumpida de acontecimientos, sensaciones e informaciones”, escribe. Esta ausencia de umbrales, que antes distinguían lo visible de lo invisible, lo conocido de lo desconocido, ha creado un mundo donde todo está presente y nada tiene profundidad.

El filósofo señala que los umbrales, aunque pueden provocar sufrimiento, también son fuente de felicidad y pasión. “El hombre ya no es un animal de umbrales”, lamenta Han, refiriéndose a cómo la modernidad ha eliminado estos espacios de transición que otorgaban sentido y orientación a la vida.

El tiempo en la era digital

En la era digital, los intervalos se han acortado hasta casi desaparecer. Han describe cómo las memorias electrónicas y la instantaneidad del correo electrónico han suprimido los intervalos temporales, eliminando la posibilidad del olvido y la distancia. “Todo tiene que estar presente”, escribe. Esta obsesión por la instantaneidad ha creado un mundo donde solo existen dos estados: “nada” y “presente”.

El filósofo también critica la cultura de la novedad constante, donde los productos técnicos y digitales quedan obsoletos rápidamente. “No hay ninguna obra, ningún final, solo una sucesión infinita de versiones y variaciones”, afirma. Esta falta de duración, según Han, empobrece nuestra experiencia del tiempo y nos impide demorarnos en un momento o lugar.

En lugar de un tiempo lineal y narrativo, Han describe un “tiempo-ahora” discontinuo y puntual, característico del espacio de la red. “Se va de un link al otro, de un ahora al otro”, escribe. Este tiempo fragmentado, sin dirección ni progreso, refleja una nueva forma de percepción donde la atención se dispersa y la contemplación se vuelve imposible.

La aceleración también afecta la forma en que percibimos los acontecimientos. “La densificación de acontecimientos, informaciones e imágenes hace imposible la demora”, explica Han. Las imágenes pasan fugazmente por nuestra retina, sin captar una atención duradera. Este fenómeno, según el filósofo, contrasta con el saber y la experiencia, que requieren tiempo y profundidad.

Byung-Chul Han nos invita a reflexionar sobre cómo la desaparición de los intervalos y umbrales ha transformado nuestra experiencia del tiempo y el espacio. En un mundo donde todo es presente y nada tiene duración, la vida humana se empobrece, perdiendo la riqueza de los intermedios que otorgan sentido y profundidad a nuestra existencia.

Fuente: Byung-Chul Han, Duft der Zeit (2015).

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