Carta de Albert Einstein sobre la religión



Carta escrita a mano por Albert Einstein sobre sus pensamientos sobre Dios, la religión y su búsqueda de significado y que fue vendida por casi $ 3 millones en una subasta en Nueva York el año pasado.


Escrito un año antes de que el legendario físico muriera en 1955, Einstein escribe en alemán desde Princeton, Nueva Jersey al filósofo alemán Eric Gutkind.






Querido Sr. Gutkind,




Inspirado por la repetida sugerencia de Brouwer, leí mucho sobre tu libro, y muchas gracias por prestármelo. Lo que más me impresionó fue esto: con respecto a la factual actitud hacia la vida y la comunidad humana tenemos mucho en común. Tu ideal personal con su anhelo de libertad libre de los deseos orientados al ego, para hacer la vida hermosa y noble, con un énfasis en el elemento puramente humano. Esto nos une en tener una “actitud anti-americana [estadounidense]”.




Aún así, sin la sugerencia de Brouwer, nunca me hubiera sido posible engancharme intensivamente con su libro pues está escrito en un lenguaje inaccesible para mí. La palabra Dios es para mí nada más que la expresión y producto de la debilidad humana, la Biblia una colección de honorables, pero aún primitivas, leyendas que de cualquier manera son bastante infantiles. No hay interpretación, sin importar cuán sutil, que pueda cambiar esto para mí. Para mí la religión judía, como todas las demás religiones, es una encarnación de la superstición más infantil. Y la gente judía, a la que orgullosamente pertenezco, y a los cuales tengo una profunda afinidad con lo que pienso, no tienen ninguna cualidad diferente para mí que todas las demás personas. En lo que refiere a mi experiencia, tampoco son mejores que cualquier otro grupo humano, no obstante que están protegidos del peor de los cánceres por una falta de poder. De otra manera, no veo nada “elegido” sobre ellos.




En general encuentro doloroso que tu dices tener una posición privilegiada e intentas defenderla con dos muros de orgullo, uno externo como hombre y uno interno como judío. Como hombre tu declaras, por así decirlo, una dispensación de la causalidad que de otra manera sería aceptada, como judío el privilegio del monoteísmo. Pero una limitada causalidad deja de ser cualquier tipo de causalidad, tal y como nuestro maravilloso Spinoza reconoció con toda incisión, probablemente fue el primero en hacerlo. Y las interpretaciones animistas de las religiones de la naturaleza en principio no son anuladas por la monopolización. Con todos estos muros solamente podemos atraer autoengaño, pero nuestros esfuerzos morales no se amplían. Sino al contrario.




Ahora, que abiertamente he hablado sobre nuestras diferencias en cuanto a convicciones intelectuales, es claro para mí que somos bastante cercanos en otras cosas esenciales, por ejemplo; en nuestras evaluaciones del comportamiento humano. Lo que nos separa únicamente son “herramientas” intelectuales y “racionalización” en el lenguaje de Freud. Por eso creo que nos entenderíamos bien si habláramos sobre cosas concretas.




Con cariñosos agradecimientos y buenos deseos,




Tuyo,





A. Einstein.

Carta original que fue subastada: 



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